viernes, 18 de enero de 2008

La atribulada vida del doctor Torralba (continuación)

Demonios, familiares y diablos

Que el bueno de Sócrates tenía un daemon, es bien conocido. Él mismo, cuando fue procesado por el pueblo de Atenas por corrupción de la juventud, lo reconoce. Pero, claro, era éste un espíritu sujeto a cierta moralidad (daemon, en la época clásica, no tenía las connotaciones negativas que posteriormente se le dieron, ya una vez implantado el cristianismo). El testimonio recogido por Platón en su Apología de Sócrates no deja clara la proveniencia de este ser invisible y que sólo el propio Sócrates podía sentir. Pero, como decíamos, este daemon estaba sujeto a ciertas normas morales, y cuando observaba que Sócrates iba a emprender alguna acción errada, o moralmente censurable, se lo advertía pegándole un delicado empujón, para hacerle ver que no le gustaba el camino que iba a tomar.

Visto así, pareciera que el daemon de Sócrates era algo así como un reflejo de su conciencia moral, o todo lo más un ángel de la guarda (no judeo-cristiano, por supuesto).

En cualquier caso, el relato del espíritu que acompañaba al abuelo de la mentalidad racional occidental, era de sobra conocido por las gentes con una cultura media-alta durante el Renacimiento y Barroco. Es una de las leyendas relacionadas con filósofos clásicos, como aquella que pretende que Pitágoras había sido un devoto iniciado en la magia, y en la que de fondo subyace la idea siguiente:

Los filósofos, al ahondar y penetrar con su curiosidad y entendimiento en lo realmente real de los fenómenos, son capaces de percibir los resoltes ocultos de la naturaleza, más allá de la ilusión, ya se sabe: todo lo visible y lo invisible. Sin embargo, como decía el bueno de Lovecraft: "... la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes." (La llamada de Cthulhu)

Pero volviendo a los daemones; discípulos posteriores de la Academia (de Platón, claro), desarrollaron a partir de las concepciones del maestro, toda una cosmología y un sistema idealista - del que posteriormente tomaron no pocos préstamos algunas escuelas gnósticas e incluso el mismo cristianismo, cuidado. Y en un momento concreto, ciertos aspectos de esta cosmología se confunden y fusionan con la propia cosmología judeo-cristiana; así, Filón de Alejandría, judío helenizado, reconoce explícitamente la realidad de estos seres intermedios entre el ser humano, físico y terrenal, angeloi, daemones, o como quiera llamárseles. Y estos seres, andando los siglos, fueron reconocidos como djinns (o "genios") por los hechiceros del mundo islámico - herederos directos del mundo greco-latino clásico.

Pero no podemos olvidar aquí tres corrientes de pensamiento (que, en parte, se entrecruzan y bifurcan a lo largo del tiempo, llegando a confundirse en algunos momentos): por un lado el gnosticismo, con sus eones y emanaciones de seres cósmicos, por otro, el hermetismo, muy similar en planteamientos al gnosticismo (pero también distante), con sus famosas entidades que revelan verdades universales a sus adeptos - me estoy acordando en concreto de Poimandres; y, finalmente, la Kabbalah hebrea, la que más expresamente tiene tratos con espíritus angélicos y otras entidades (diría yo, a modo de mediúmnica escritura automática, pero esto ya es mucho decir).

Sin embargo, con la paulatina e histórica imposición del cristianismo, todas estas creencias fueron relegadas al plano de lo heterodoxo (o directamente herético), cuando no directamente destruidas y olvidadas - como ocurrió con el gnosticismo, del que sólo nos llegaron referencias por sus oponentes, los teólogos Padres de la Iglesia, hasta el relativamente reciente descubrimiento de la biblioteca de Nag Hammadi. Llegó un momento, incluso, en el que la Iglesia se vio en el deber de prohibir la devoción angélica entre el pueblo, que rayaba el paganismo.

El mundo de los espíritus, entonces, se torna con el cristianismo abiertamente maniqueo; hay, pues, espíritus buenos y espíritus malos: ángeles y demonios. Pero si bien los ángeles no parecen ser más que emanaciones de la Voluntad de Dios, mediadores entre lo Absoluto y el mundo material, es decir mensajeros sin voluntad propia, pasa todo lo contrario con los demonios. Estos, al haberse rebelado al Creador y expulsados de su Presencia, adquieren independencia y voluntad propia.

Endemoniados y exorcismos

Los demonios, al ser espíritus incorpóreos (a mí que me registren, no pienso ser más explícito), envidian a los humanos y anhelan tomar el control de algún cuerpo, en otras palabras, encarnarse. Las pasiones más terrenales les chiflan, de hecho algunos ángeles han caído, al ser tentados por los sentidos más voluptuosos y las emociones que ofrece el cuerpo humano. La Biblia está llena de referencias a endemoniados, a los que Jesús curaba expulsando aquellos espíritus con una facilidad pasmosa (aunque no es el único, sí que era de los más buenos).

Pero el fenómeno de la posesión y el consiguiente ritual de exorcismo no son exclusivos del entorno cultural cristiano. De hecho, están presentes en casi todas las tradiciones del planeta - afirmación que habría que matizar, pero no estamos para eso. El exorcismo, como rito terapéutico, tiene un valor enorme, puesto que allí donde la ciencia psiquiátrica abarrotaría al enfermo de calmantes y demás, los pasos para realizar el exorcismo tienen efectos más allá de la parte racional, apelando al subconsciente a realizar una lucha arquetípica, una batalla ancestral (el arcángel contra el dragón, el guerrero de luz contra el guerrero de oscuridad, en fin...), de la que sale fortalecido y recuperado el endemoniado.

Todo hay que decirlo: sólo en casos muy precisos puede ser efectivo el exorcismo. En manos de gente inculta y supersticiosa, o de maníacos y egocéntricos, puede ser muy peligroso e incluso mortal. Además, no hay que olvidar que antaño se consideraba endemoniado a cualquiera con alguna enfermedad mental (y a epilépticos, es de suponer), y no poca gente ha sufrido a consecuencia de esto.

Volviendo al tema del exorcismo, hay unos cuantos pasos que son imprescindibles para que este funcione (el Ritual Romano es un poco más extenso, pero en esencia es lo mismo): 1) Hay que obligar al espíritu a que te revele su nombre (ya se sabe, conocer el nombre secreto de los espíritus es el primer paso para que te obedezcan y atarlos a tu voluntad); 2) también se le pueden hacer preguntas concernientes a cómo expulsarle, y en teoría, el espíritu está obligado a decir la verdad - aunque sólo en esto, según parece; 3) hay que pedir al espíritu que haga alguna señal de que realmente ha salido del poseido; y, 4) aunque esto creo que esto no es imprescindible, cuando sale el espíritu del cuerpo hay que buscarle otro anfitrión, normalmente en algún animal cercano disponible (Jesús en uno de sus exorcismos obligó a los espíritus a entrar en una piara de cerdos).

En el caso del cristianismo habría que añadir que parte imprescindible del exorcismo es apelar a estancias espiritualmente superiores (ya sabéis: el poder de Cristo te obliga, etc...) Ha habido más de un caso donde el sacerdote exorcista ha tenido que repasar el santoral entero con tal de expulsar al demonio de turno. Sin embargo, el ritual de exorcismo tiene un par de aspectos parecidos, o similares, con el ritual taumatúrgico de invocación de espíritus, de creación de familiares y demás: Se usa el nombre verdadero del espíritu para controlarlo, se lo obliga a entrar en el cuerpo de un animal, y se le usa para tener acceso a conocimientos vedados al hombre. Sin embargo, la diferencia más radical, creo, consiste en que en estos casos no se apela no se depende de entidades espirituales superiores: es la voluntad de artífice, del magus, vaya, la que obliga al espíritu a obedecerle en todo momento.

No pocos practicantes de las artes herméticas se han condenado por un exceso de hubrys, por su hinchado orgullo.

Para otra ocasión dejamos las consonancias y diferencias del ritual romano de exorcismo con las técnicas chamánicas, o las shinto japonesas.

Guille, el familiar del Coyote, hace un par de años

1 comentarios:

joise dijo...

Ángeles
He sentido alas acariciar, gotas de lagrimas de quien quería nacer
Y no habiendo podido ser, al paraíso su ternura reposar
No habrá tristeza, ni hambre, ni llanto y parturienta la pobre
Con la miseria en sus ojos, comprende la sonrisa de la muerte
Párvula y sin sosiego teje de nuevo el estambre de sus alas
Ahora Excluida y sin hogar.

He ahí dragones como jueces de la misericordia
Pescando almas sin poder, y detrás de columnas de sal
Sus garras de seda esconder
No acabaran con Sodoma sin antes clamar por piedad
Para quienes si conocerla proliferan iniquidad
Escoged las alas doradas o negras, empero vos Gomorra
Pecaminosa y septicémica pereceréis
.
Os he dado mis alas, y con ellas volar
Con gusanos, destruiré la codicia, vuestra dipsomanía de sangre
Segare tu alma, de guadaña y hoz cruzada, mientras
Vástagos de dicha, hincharan luciérnagas en vos
Iluminando vuestra paz y piedad, con brillo e incienso
Calmando la sed de amor que ese Ángel ha repartido prolijo
Al sus alas desplegar.

Joise