lunes, 25 de febrero de 2008

Exquisitos Carceleros: René Descartes

En ocasiones, el Coyote proyecta su cuerpo sutil etérico o 'yo astral' hacia atrás en el tiempo. Normalmente, cuando esto ocurre se coloca un despertador o algo junto a él, en previsión y como vía de escape para no verse arrastrado por la marea del flujo temporal, hasta llegar a tiempos remotos y extraños, espacios angulares más allá del mundo conocido (donde rige una geometría ajena a los conceptos euclidianos).

En aquellos no-lugares, al filo de lo posible, aguardan unas entidades que aborrecen con todas sus fuerzas todo aquello que está vivo - en sentido biológico - , pero y sobre todas las cosas, nos aborrecen a nosotros, los seres humanos, más que a nada en este o cualquier otro mundo. Cuando el ocasional viajero del tiempo se ha adentrado muy atrás en los corredores de la historia, llega un momento en que, sin quererlo, alcanza ese no-lugar donde habitan estas entidades. Una vez te perciben, ya puedes volver a tu época que estas criaturas pueden seguir tu rastro, avanzando a través de ángulos imposibles, y te alcanzarán allá donde te encuentres...

Belknap Long se refirió a ellos como los "perros de Tíndalos".

En el resto de ocasiones en que (voluntariamente o no) el Coyote ha proyectado su conciencia en el pasado, sin embargo, ha vuelto indemne, y con unas ideas muy peculiares de la historia. Por eso no puede evitar carcajearse tanto de los que se envanecen con la idea de Progreso como de aquellos nostálgicos que idealizan épocas pasadas. De forma colateral, cuando surge algún debate en torno a personajes históricos relevantes, hacemos bien reconsiderando los comentarios despectivos o laudatorios (la mayoría, de los primeros) que suelta de repente el Coyote, dejándonos con la palabra en la boca. Parece como si realmente hubiese conocido de primera mano a aquellos personajes, desmitificándolos por completo, o alumbrando aspectos inesperados de su biografía.

Esto ocurre con René Descartes, padre de la filosofía moderna.

La relevancia que alcanzan algunos personajes históricos, en ocasiones, es a posteriori, hay que considerarla de manera retrospectiva. En su época, este Descartes no tenía ningún peso específico; sí, en cambio, los reyes y sus consejeros, los jerarcas de la Iglesia, e incluso banqueros y comerciantes (por no decir los agitadores religiosos tipo Lutero, Calvino o Savonarola). De los actos y decisiones de estos dependía la pervivencia de naciones enteras. La vida de Descartes, en cambio, aconteció de forma casi anónima, a excepción de sus allegados y de la comunidad científico-filosófica con la que se relacionaba – y no, no nos estamos refiriendo a los Rosacruces.

Sin embargo, con el discurrir de los años, se ha visto que la influencia que este filósofo, matemático y geómetra francés, ha tenido para la conciencia colectiva ha sido de una importancia absoluta. De hecho, se puede decir que gracias a su labor, la visión del mundo (su misma forma y fundamentos) ha cambiado profundamente desde el mismo momento que sus concepciones filosóficas y científicas empezaron a provocar reacciones (a favor o en contra) en el mundo de las ideas. De hecho, podemos considerarle no sólo el padre de la filosofía moderna – cosa que, en sí misma, podría tener una relevancia secundaria y relativa; también, y sobre todo, Descartes ha sido el padrino de la mentalidad racional occidental.

Por supuesto, este método de pensamiento (el racional) venía gestándose desde eras atrás (ahí están Parménides y Aristóteles, en el principio, y Galileo, Kepler y Copérnico, como directos precedentes de Descartes); pero las condiciones históricas para que esta forma de comprender la realidad circundante se implantase de forma colectiva en occidente sólo estuvieron a punto en la época de Descartes. Y es algo característico de occidente: que la emergencia del pensamiento técnico-científico, y su estatus como modelo de conocimiento, dejase de lado y de hecho devaluase cualquier otra forma de conocimiento – la sabiduría tradicional, el mito, el pensamiento religioso o místico, verbigracia. ¿Por qué, en Europa, tenemos que poner en duda nuestras creencias a la primera de cambio, cada vez que salen a la luz ciertas evidencias? Veánse si no, un Darwin o un Galileo, por ejemplo.

Por regla general, se suele dar una importancia secundaria a la filosofía, como si ésta fuese un adorno externo a la sociedad; en el fondo, la filosofía influye en nuestra forma de ver el mundo de una manera tan sutil que ni siquiera solemos darnos cuenta. Hoy día, donde prima el pragmatismo, se desestima la filosofía por ser poco práctica: la filosofía “no sirve para nada”. Sin embargo, las ideas que los filósofos dan a luz se van implantando en nuestro horizonte de expectativas, de manera que abren caminos a posibilidades (políticas o científicas) que anteriormente a ellos ni siquiera se planteaban. Ideas y convenciones que tenemos fuertemente establecidas, nunca hubiesen podido desarrollarse si alguien no las hubiese pensado por vez primera. Alguien tiene que hacerlo.

Descartes no suele caer bien. El Coyote no tiene muy buena opinión de él; Descartes es el adalid de la Razón en la modernidad. Con él, y otros como él, se culminó el proceso de “desencantamiento del mundo” y se dio comienzo otro proceso, éste de consecuencias inquietantes: La implantación de la visión técnico-científica del mundo, la realidad como la Proto-máquina. Y hay que reconocer que el tío no empieza mal, con su método de la duda y demás, pero las conclusiones son terribles. Pero antes de entrar al trapo, habría que hacer un “breve” inciso sobre un fenómeno que dio comienzo sólo un par de siglos atrás: el jesuitismo.

No, no voy a hacer una apología de una supuesta conspiración mundial jesuita; para eso ya están Dan Brown y todos sus adláteres. Además que el jesuitismo no es más que la forma depurada en la que siempre ha actuado la Iglesia Católica a lo largo de la historia. Algún loco dijo que el cristianismo era como un virus; y no estaba muy desacertado, el pobre orate. El cristianismo en su más experta y depurada forma: la Iglesia Católica, como un virus, se expande. Ante los cambios históricos, como la gripe, el cristianismo muta y se fortalece. No hace falta volver a evidenciar cómo el cristianismo, para hacerse popular ha asimilado numerosas festividades paganas, así como transfigurado personajes míticos que han pasado a formar parte del santoral. Hay que tener en cuenta que el cristianismo, esencialmente, es una religión universalizante (Universitas Christiana, que decían antaño; sólo de pensar en el concepto me entran escalofríos...), y como tal pretende expandirse en progresión geométrica hasta el infinito. De manera que el cristianismo se apropia de toda realidad circundante, y siempre que aparecen nuevos mundos trata de irrumpir en las creencias ajenas, movidos por su misión evangélica (ejemplos: América, China, etc...)

De igual forma hace con las ideas, el cristianismo. Y en esto se han destacado admirablemente los miembros de la Compañía de Jesús. Los jesuitas se han especializado en tomar toda idea novedosa que pudiera resultar una amenaza para el dogma, estudiarla a fondo y hacerla suya, hasta que por fin pasase a ser inofensiva. No son los únicos, desde luego. En todo movimiento, artístico, filosófico, político y científico revolucionario, con unas mínimas posibilidades de despertar algunas conciencias, siempre ha habido un jesuita especializado en ese tema. Por favor, si hasta tienen un jesuita evolucionista, el padre Teilhard de Chardin. Pero, cuidado, el peligro de esta forma de actuar está en que esas ideas, en su origen revolucionarias, una vez pasadas por el filtro interpretador del jesuita, pasan a ser otra parte más de la realidad conquistada por su visión del mundo (del mundo según el cristianismo, claro: el cuerpo como cárcel del alma, la vida como valle de lágrimas, etc. Bonito panorama). Estas ideas, con el lavado de cara, no son en absoluto inofensivas, son parte de la máquina. Con su insidiosa lógica, pasan a formar parte del arsenal enemigo, como otras formas de mantener la conciencia adormilada y encerrada, el ego aprisionado y en actitud patética y lastimosa. Los jesuitas, al menos durante una larga época, han formado parte del cuerpo de carceleros de esta realidad.

Tanto de lo mismo ocurre con Descartes, quien por cierto estudió en el afamado colegio jesuita de la Fleché.

Como decíamos, el tipo comienza muy bien; pone en entredicho la veracidad de los datos de nuestros sentidos (cosa que ya se venía planteando desde Platón y su famoso mito de la caverna; pero no sólo, claro está, que los brahmanes indios ya venían hablando del velo de Maya, y los budistas del ciclo del Samsara, pero bueno...) O sea, que plantea la hipótesis del mundo como engaño y la imposibilidad de un conocimiento esencial y perdurable de las cosas. Y no sólo eso, parece que Descartes tenía alguna idea de por dónde iban los tiros, e incluso plantea la hipótesis del Genio Malvado. Me encanta esa idea: la de un demiurgo que se regocija provocándonos el error, y comprobando la cantidad de maldad que puede el hombre acumular por defender una idea totalmente falsa. En el fondo, no nos hace falta ningún genio malvado, nosotros mismos ya somos capaces de distorsionar nuestra perspectiva y perseverar en el error, sin ayuda de ninguna entidad superior (e incluso prefiriendo las mentiras consoladoras a las verdades desnudas).

Qué fantástica esa duda metódica que desarrolla el amigo Descartes, prácticamente calcada del insigne médico escéptico Francisco Sánchez (de nacionalidad discutida aún por los dos países ibéricos). Si puedo poner en duda todo lo que conozco, al menos tengo una certeza: que dudo – cosa tan antigua como Sócrates y su “sólo sé que no se nada”. Y de ahí se sigue la segunda certeza: dudo, luego existo. El padre Gassendi – otro jesuita, pero éste de un carácter bastante especial, escéptico y atomista, del que quizá hablemos un poco más adelante – cuestionó a Descartes que, si por todo fundamento del conocimiento tan sólo tenía la duda, ¿qué le impedía, por tanto, dudar de esa duda?¿Y qué, dudar de esa otra duda, que dudaba de la primera duda? Y así sucesivamente...

Pero el paso más importante que da Descartes, a partir de ese comienzo metodológico, es fundamental: Pasa de la evidencia de la existencia en base a la certeza de que dudaba, a reconocer la existencia en base a la seguridad de que, si dudaba, eso significa que (como mínimo) pensaba. Por lo tanto: Cogito ergo Sum. Pero esta conclusión le lleva por derroteros bastante escabrosos, que dejaremos para una próxima entrega. El Coyote insiste en que pongamos lo siguiente: Fundamentar la existencia sobre el pensamiento es una extralimitación: según esto, la teoría de Descartes no sólo atañe al hombre. También piensan ángeles y demonios, dioses y fantasmas, y demás espantos. ¿Puede, entonces aplicarse su teoría a estos otros seres pensantes?

Habría que preguntárselo a ellos.

jueves, 14 de febrero de 2008

Leviathan (pronúnciese Lwytn)


En uno de sus muchos y recurrentes sueños ancestrales, el Coyote se ha topado en más de una ocasión con una figura casi olvidada (si no es por cuatro eruditos y pedantes), nos referimos a la figura mítica del Leviatán.

El imaginario colectivo le ha dado, en sus últimas encarnaciones, la forma de un enorme cetáceo (que ya de por sí son bastante grandecitos; éste sería algo así como el hermano mayor de todas las ballenas). Al parecer, los hebreos antiguos tomaron no pocas cosas en préstamo de las creencias sumerio-babilónicas y, sobre, todo de las creencias ugarítico-canaaneas (aunque supongo que es mucho más fácil decir directamente fenicios, pero en fin). De ahí que para algunos, el Leviatán de los textos religiosos hebreos simbolizaba originalmente las aguas primordiales, esas que en el Génesis Dios separó las de arriba de las de abajo - ya se sabe, en el Caos primigenio todo es confusión, todo está mezclado e indistinto; con la separación de este Caos primigenio, se da lugar un Orden o Cosmos, donde ya saltan a la vista las distinciones y diferencias (es como el Tao que subyace a los contrapuestos Yin y Yang, bueno, más o menos).

Pero Leviatán no sólo ha tomado la forma de la ballena que se zampó a Jonás; también ha sido asimilado con un dragón o una serpiente (como su prima sumeria, Tiamat). Robert Graves, la Diosa lo acoja en sus senos, apuntaba que uno de sus títulos honoríficos era nahash bariah, traducido libremente como "serpiente huidiza". También parece que en un momento dado, Leviatán se convirtió en el monarca de todas las criaturas marinas (varios midrash dan cuenta de ello); los barbudos rabinos dieron en especular sobre su tamaño y magnitud, y para que nos hagamos una idea, parece que Leviatán se alimentaba de dragones marinos. Su aliento, como todo gran monstruo mítico que se precie, es de vapores fétidos e inmundos, que cuando los expulsa, revuelven los Océanos durante años. Llegando al punto más exagerado de esta tradición, Leviatán habita en el fondo del mar, y su enorme cuerpo tapa el acceso al Tehom, el abismo en la cosmología hebrea. Finalmente, parece que el día del Juicio Final, la carne de Leviatán servirá de alimento a los justos que se reunirán con Dios en su morada.

Hay, sin embargo, una tradición semi-olvidada que afirma que Dios tuvo que dar caza a Leviatán y que con su piel confeccionó dos camisas que regaló a Adán y Eva; estas camisas daban una fuerza enorme a quien se la pusiera y, andando el tiempo, fue heredada por el rey Nimrod, bravo cazador ante el Señor, el mismo que ordenó la construcción de la Torre de Babel. Parece que al principio había dos leviatanes, un macho y una hembra, y que Dios realmente a quien dio caza fue a la hembra, para impedir que los dos monstruos se apareasen y reprodujeran, amenazando con desestabilizar el equilibrio del mundo (por no decir, partirlo por la mitad).

Pero la figura del Leviatán no se queda ahí, ni mucho menos. Con el paso de los siglos, ya implantado el cristianismo históricamente, la gran cantidad de mitos y tradiciones hebreas se simplificaron considerablemente. Leviatán pasa a convertirse en un importante demonio, cuando no uno de los títulos del mismo Adversario. Como tal fue mencionado durante la Edad Media en numerosas listas de esas que gustaban de confeccionar los demonólogos católicos; en estas metían a cualquier dios pagano, personaje mítico o legendario que hubiese pervivido en la conciencia colectiva, exiliándolos al Infierno. No debió agradar mucho a aquellas deidades orientales ser relegadas a compartir aquel vasto espacio psíquico con los advenedizos ángeles caídos, y mucho menos tener que soportar el liderazgo del presuntuoso Lucifer (el único a quien realmente puede aplicarse la miltoniana máxima “es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”).

Asimilado, pues, a la figura de Satán o Satanás - aunque el término Leviatán siguió usándose para designar a las enormes ballenas que los marinos europeos iban encontrando en sus cada vez más alejadas incursiones por mar. Y aquí tenemos que fijarnos en otro de los títulos honoríficos que se le han concedido al Malo, el de Príncipe de este Mundo, cosa que le va al pelo (sobre todo para los gnósticos, que reconocían en Lucifer al Demiurgo que creó este mundo material y corruptible, instigado por el eón Sofía). El Coyote nos recuerda que existe una creencia que asocia a cada nación su propio demonio protector, o de la guarda. Así, parece que Lucifer lo fue de Roma durante un tiempo, como Asmodeo lo es de España, y Mammon de Inglaterra. Y con esto llegamos a la más alucinante imagen que se ha creado basándose en el Leviatán.

Y nos referimos a la idea de el Leviatán que creara en 1651 Thomas Hobbes en su obra homónima. Este tipo, que fue durante un tiempo secretario de sir Francis Bacon (autor éste de la utópica Nueva Atlántida), llamado el Verulamio, se dedicó entre otras cosas, a poner en pie un análisis del fenómeno político con bastante perspectiva. Más o menos la idea es esta:

En un hipotético origen del hombre, el estado natural, la situación era de “guerra de todos contra todos”; daba igual, según Hobbes, que fueses muy fuerte o muy inteligente. Eso no te garantizaba que no fueses a morir en cualquier momento. Y esta amenaza de muerte constante venía dada porque, en el estado natural, todo el mundo tiene el mismo derecho a todas las cosas. Claro, en esta situación, al no haber ningún tipo de ley que coaccione al hombre a actuar de determinadas maneras (y le impida actuar de otras), y asegure una existencia relativamente pacífica, el hombre se comporta de manera acorde a su naturaleza primordial. Que según Hobbes no es otra que esta: Homo homini lupus. En el estado natural, cada hombre es un organismo unicelular que pugna por mantenerse vivo, aun a costa de la muerte de otros hombres. Es una existencia individualista y egoísta.

Para escapar de esta amenaza de muerte constante que se da en el estado natural, el hombre pacta un contrato social. Entonces crea la sociedad, o mejor el Estado (de derecho, en este caso). El pacto social se traduce en que la totalidad de los hombres que participan en ese contrato ceden parte de sus derechos naturales (y con esto no poco de su libertad), a unos miembros concretos de la sociedad. El Poder – el gobierno – así formado por la cesión de estos derechos, crea una serie de leyes para regular la sociedad, que son garantizadas por sus fuerzas represoras. Así, está prohibido por la ley el asesinato, pero los miembros del ejército pueden hacerlo en tiempos de guerra; así, está prohibida la agresión física, pero las fuerzas policiales pueden hacer uso de sus porras y demás cuando la situación lo requiere. El hombre sometido a este Estado vigilante, opresivo y regulador, la sociedad civilizada, ha cedido parte de sus derechos naturales (a hacer lo que le viene en gana, básicamente), y ha sacrificado la libertad de usar su tiempo a su antojo, a cambio de asegurarse una existencia relativamente pacífica y larga, y a ser posible una muerte no violenta. El Estado es, entonces, un organismo pluricelular, cuyas células son los hombres que lo forman. Un enorme y gigantesco cuerpo hecho de miles de hombres, que avanza lentamente en pos del Progreso, y cuyos pasos retumban en la Historia.

El Estado es el Leviatán.

Postdata: Las dos imágenes aquí introducidas han sido vilmente saqueadas de la Red; a decir verdad, teníamos ambas imágenes en formato papel (una, en una excelente edición de los grabados de Gustav Doré, y la otra en una edición ilustrada del Leviatán). Y, claro, para qué arriesgarnos a estropear un poco los libros escaneándolos, si ya rulaban por la Web...

sábado, 9 de febrero de 2008

La atribulada vida del doctor Torralba (y conclusión)

Ante todo, y en primer lugar, supongo q deberíamos dar algún tipo de explicación; hemos tardado tanto en retomar El Blues del Coyote, entre otras cosas, porque el viejo Coyote ha vuelto a desaparecer como antaño. Sólo es que esta vez está tardando más que nunca en volver (quiero decir, con otras palabras que es la vez que más tiempo lleva sin dar señales de vida). Algún miembro del equipo ha propuesto, a modo de rechifla, realizar una sesión de espiritismo, contratar a una médium - ignoro porqué insiste en que tenga que ser una mujer, pero me imagino las razones... En el fondo no es tan mala idea: no sería la primera vez que buscando una cosa (espíritus de difuntos, en este caso) se encuentre uno con otra cosa (el cuerpo astral del Coyote, vagando desde algún reino onírico, deslizándose por el vacío entre los mundos - no-lugar éste, a donde parece que el Coyote gusta de marchar cuando siente que tiene que estar solo).
En cualquier caso, antes de desaparecer, dejó algunas notas inconclusas sobre la cuestión de los hechos referentes a la atribulada vida del doctor Torralba, de manera que en esto al menos podremos continuar y darle una semi-digna conclusión.
Ahí van, entonces, los últimos datos concernientes al tema que nos ocupa:

Proceso inquisitorial (1528-1531)

  • 1528, 10 de enero: Primera audiencia del tribunal del Santo Oficio, dirigida por el reverendísimo doctor Ruesta, inquisidor de Cuenca, y atendida por el notario escribano Francisco de Herrera. Se ordena comparecer al doctor Eugenio de Torralba (el cual ya debía llevar unos días en la cárcel, en aislamiento absoluto). El inquisidor le comunica cómo existe una denuncia contra él por "cosas que ha hecho y dicho y cometido contra nuestra Santa fe Cathólica tocantes a eregías" (sic). Todo esto, por supuesto, acompañado de los procedimientos burocráticos correspondientes, que incluían juramentos, amonestaciones y demás parafernalia jurídica. Cuando se le da opción al doctor Torralba de hablar, éste declara que se considera católico convencido, e insiste en la limpieza de sangre de su linaje, y la falta de antecedentes hereticales en ella; después, sin embargo, reconoce tener a su servicio un "ángel bueno" (el bueno de Zaquiel, a quien ya conocemos), y relata toda la historia de cómo conoció en Italia al fraile dominico y cómo éste se lo cedió. Aquello debió dejar perplejo al inquisidor, que - más burócrata que caza-brujas - no debía estar acostumbrado a que los reos reconociesen tales hechos (por más que en la mentalidad de un inquisidor no cabía la posibilidad de que fuese realmente un ángel, a lo sumo un espíritu demoníaco que lo tenía engañado: téngase en cuenta un importante detalle, y es que una vez que la Inquisición te apresaba debías tener por seguro que eras culpable, el Santo Oficio nunca se equivocaba). Luego el doctor pasó a contar cómo Zaquiel se le presentaba en ocasiones para proferirle hechos políticos de suma importancia que acontecían en aquellos momentos en lugares lejanos, así como algunas profecías (claro que éstas, contadas tiempo después de que hubiesen ocurrido aquellos hechos, tenían un carácter retrospectivo que les restaba bastante credibilidad). En esta misma sesión, entre otras, el inquisidor le preguntó si había realizado con aquel espíritu algún tipo de pacto contrario a la fe. Hayque reconocer que las preguntas de este tipo no eran nada tendenciosas... El doctor Torralba insistió en la bondad del espíritu, en cómo éste le guiaba y aconsejaba siempre dirigiéndolo hacia una recta y cristiana moral. Incluso, al parecer, reconoció que éste se le llegó a aparecer en un par de ocasiones dentro de iglesias, cosa que debió escandalizar no poco a los miembros del tribunal (un espíritu demoníaco en suelo consagrado, tamaña infamia).
  • 1528, 11 de enero: Al día siguiente se hace comparecer al doctor de nuevo frente al tribunal. En esta nueva comparecencia el doctor cuenta cómo Zaquiel se aparecía en función a las fases lunares, y que él mismo no podía llamarlo cuando quisiese, era Zaquiel quien venía por su cuenta. En estas visitas el espíritu le contaba cosas futuras relacionadas con altas personalidades de la política y la Iglesia (con algunos de los cuales el mismo doctor se había codeado durante su estancia en Italia; esto debió tener algún peso en las decisiones de los inquisidores, el hecho de que el doctor Torralba estaba muy bien relacionado en las altas esferas, y además el doctor insistía en que algunas de estas personalidades habían asistido a sus hechos maravillosos. Claro que, como todos los que citaba habían muerto hacía tiempo, no había manera de refutarlo). Luego, el inquisidor le preguntó sobre si su espíritu le había transportado alguna vez por los aires, llevándolo a sitios lejanos. Aunque de sobra era conocido cómo el doctor había alardeado en ocasiones de su viaje aéreo a Roma durante el famoso saco, en esta ocasión aunque negó haber volado, sí admitió que el espíritu se lo había propuesto alguna que otra vez, pero que él había rehusado. Negó parcialmente algo que, más adelante, admitiría totalmente.
  • 1528, 17 de marzo: cerca de tres meses tuvo encerrado y aislado el inquisidor doctor Ruesta al bueno de Torralba hasta que volvió a llamarlo. Supongo que estos largos días de aislamiento debían servir para quebrantar la voluntad del acusado. Entre otras cuestiones nada tendenciosas, el inquisidor le preguntó si era cierto que había afirmado en alguna ocasión que Zaquiel fuese "príncipe de los espíritus malignos que fueron echados del cielo". En esta misma sesión, el doctor Torralba confiesa todos sus viajes por los aires, inclusive el famoso a Roma. Siguiendo esta lógica, el inquisidor le preguntó si, estando encerrado en las cárceles de la Santa, no se le había aparecido el "ángel" y le había ofrecido salir de allí por medios mágicos. El doctor, como buen hidalgo respondió con astucia que, dado que no había en su familia rastro de infamia ni herejías, no quería ser él con estos actos el primero en manchar su honor. En aquellos momentos, el doctor quería dejar claro que, si Zaquiel era un espíritu malo, a él lo había engañado haciéndose pasar por bueno.
  • 1528, 18 de marzo: Al día siguiente continuó la audiencia, teniendo que responder a los cargos de acusación que contra él había hecho el denunciante, don Francisco de Zúñiga, su antiguo "amigo". Según hace notar don Julio Caro Baroja, se deja ver por los papeles del proceso que los inquisidores no debían tener mucho respeto por el tal don Francisco, el cual se ha mostrado ya bastante ruín y avaricioso.
  • 1528, marzo-abril: En sesiones posteriores, el doctor Torralba sigue insistiendo en la aparente bondad de Zaquiel, el cual nunca le inspiró un acto pecaminoso o malvado, y repitiendo que nunca hizo pacto ninguno para atar la voluntad del espíritu. En un momento dado, el inquisidor doctor Ruesta le preguntó al acusado que, dado que el espíritu le hacía profecías, si no le había avisado que sería preso por la Inquisición. Torralba, con total calma, le responde que, efectivamente, Zaquiel le había avisado que no fuese a Cuenca, y que ahora entendía el motivo.
  • 1528, 4 de septiembre: Durante el resto del año, con todos los testimonios reunidos, el inquisidor doctor Ruesta, indeciso, eleva el asunto a la Suprema, la cual dictamina finalmente que el doctor Torralba "debía ser puesto a cuestión de tormento", por ver si de esta manera cambiaba su parecer e interpretación de los hechos. Los licenciados y doctores a los que fue planteada la cuestión veían con claridad la naturaleza malvada de Zaquiel. A causa de estos tormentos y torturas, el doctor Torralba se ve impelido a reconocer que ahora comprobaba que su espíritu no podía otra cosa que ser malvado, puesto que con sus consejos había terminado tan mal aventurado.
  • 1529, 12 de enero: En la siguiente audiencia, sin embargo, el doctor ya había recuperado su entereza, y volvía a insistir en la bondad del ángel y en su propia ortodoxia católica. Ante esto, el inquisidor decide dejarlo a la sombra unos 6 meses, para dejarle reflexionar.
  • 1529, 6 de mayo: Las cuestiones que el inquisidor plantea en esta sesión son de índole teológica y política, y pareciese aquí que el inquisidor tiene más interés en averiguar asuntos que podía iluminar el espíritu, que buscar hacer confesar al acusado. Preguntó al doctor Torralba si Zaquiel le había hablado de la existencia de Cielo, Infierno y Purgatorio (las otras dimensiones del cristianismo); e incluso si le había hecho alguna vez comentario sobre Lutero o Erasmo de Rotterdam (los dos grandes enemigos de la fe Católica en aquel momento - aparte del sentido común, claro). De Lutero, parece que Zaquiel tenía muy mala imagen, de Erasmo sin embargo, estaba más dudoso - y éste tenía numerosos seguidores en la península, que empezarían a ser perseguidos por la inquisición en aquella época.
  • 1530, 30 de enero: A estas alturas, el buen doctor Torralba, después de ser amonestado por varios canónigos y sacerdotes, con el ánimo hundido después de dos años de proceso, declara todos sus errores y pecados, arrepintiéndose de todos ellos, y clamando por limpiar su nombre y su honor (como todo buen hidalgo que se precie). Sin embargo, de sus errores de doctrina no echa la culpa a Zaquiel, sino que lo achaca a sus antiguos maestros de Italia, aquellos médicos materialistas seguidores de la Escuela de Padua. En posteriores audiencias a lo largo de este año, inisistiría en que la culpa siempre fue del adoctrinamiento de sus maestros, y nunca de Zaquiel.
  • 1531, marzo: A estas alturas, y como parecía que el doctor no iba a cambiar de parecer en torno a esto, el inquisidor le conmina a ignorar y no escuchar nunca más a ese Zaquiel, por el bien y la salvación de su alma. Arrepentido en el resto de sus pecados, y vencido ya totalmente por los rigores impuestos por la impasible maquinaria burocrática de la Inquisición, el doctor pide castigo y penitencia por todos sus errores. Finalmente, llevado a reconciliación con pena de cárcel y hábito penitencial, termina su largo proceso que duró finalmente desde finales de 1527 a mediados de 1531.
  • A los cuatro años de cárcel, fue finalmente indultado. Y no poco después de estos sucesos, el doctor Torralba ya recuperado, continuó con su vida cortesana al servicio del Almirante de Castilla don Fadrique Enríquez. Don Marcelino Menéndez Pelayo, el cual tuvo acceso a todas las actas del proceso, es de la opinión de que el doctor Torralba más bien que un hereje no era otra cosa que un poble loco, y de ahí la suavidad de la condena que se le impuso (cuando lo normal, en estos casos, hubiera sido darle tormento y finalmente llevarlo a la hoguera, para purificar su alma). Don Julio Caro Baroja, al contrario, es de la opinión de que esto fue motivado más bien por las relaciones del doctor en las altas esferas que otra cosa.
  • Si el doctor volvió a verse o hablar con Zaquiel es algo que nunca podremos saber.

martes, 29 de enero de 2008

Algunos fragmentos de historias sincrónicas (y conclusión)

Aunque pospuesto (no intencionadamente, eh?), aquí presentamos la conclusión de algunos fragmentos de ciertas historias sincrónicas, que tienen por eje común la influencia que “el Atlante” tuvo para ciertas mentalidades dispuestas a creer en cualquier cosa. Lo cierto es que su historia aún no ha terminado, pero en lo que a nosotros respecta, dejaremos que la memoria de Qarnis Qum sea eso, no más que memoria. Algunos de los miembros del equipo de El Blues del Coyote habían empezado a manifestar extraños sueños, de voces que les hablan en idiomas muertos y olvidados, a océanos de tiempo de distancia. En fin, también tenemos que reconocer que presentar, con un sentido lógico y lineal, la enmarañada red de intereses, agentes dobles y conjuras que constituyó el aparato de espionaje/inteligencia que cubría desde Tokio hasta Washington, pasando por todas las capitales europeas durante la pre-guerra y buena parte de la Segunda Guerra Mundial, no ha sido nada fácil, así que... Bueno, pues lo dicho, ahí va la última tanda y conclusión de la operación NIKE y, por ende, de la historia de “el Atlante”.

Del equipo de asesores de la OSS para la operación NIKE destacan los siguientes miembros:
  • El doctor Henry Jones Jr., afamado arqueólogo y profesor en el Marshall College de Connecticut, recomendado por el multimillonario Walter Donovan (cuando aún no se habían enemistado, claro). Según parece, el doctor Jones se ofreció para formar parte del equipo que llevaría a cabo la acción, pero los militares que estaban al cargo lo desestimaron.
  • El celebre ocultista inglés Aleister Crowley, propuesto por Maxwell Knigth, a la sazón jefe del servicio secreto británico, el MI5 (el famoso “M” de las novelas de Ian Fleming, del cual se dice que era amigo de ambos, Crowley y Knigth, y que de hecho fue quien le propuso a Knigth la participación del ocultista en este asunto). Con su acostumbrada autosuficiencia, el Coyote comenta que este Knigth, al parecer, era un pájaro de cuidado que había sido anteriormente miembro de las British Knight Fascisti, también conocida como British Fascist Ltd o BF. De esta misma agrupación ultraderechista salió el afamado lord Haw Haw, colaboracionista alemán convertido locutor de las emisoras alemanas para el resto de Europa.
  • El doctor Wingate Peaslee, profesor de Psicología de la Universidad de Miskatonic, Arkham (condado de Essex, Massachusetts), y especialista en lenguas muertas. Poco después de estos sucesos, le fue ofrecida la dirección de la enigmática Fundación Wilmarth. El doctor se pasó la mayor parte de las reuniones sacando facsímiles de papiros antiguos, y citando obras de títulos tan abstrusos como “Manuscritos Pnakóticos” o “Tablillas de G´harne”. Según parece fue el único en darse cuenta de la real amenaza que significaban las actividades de los nazis en la operación FENRIS, pero los descreídos militares enarcaban una ceja, expresión de sarcasmo sostenido, y trataban de ocuparse de asuntos estratégicos más “prácticos”. También parece que el doctor insistía con vehemencia en que los agentes enviados al temible castillo de Ascherslebensberg debían portar colgantes con el símbolo arcano, así como asegurarse de llevar una buena provisión de Elixir Tikkoum (que ya había demostrado su efecto en otras ocasiones). El doctor Peaslee encontró especial oposición ante Crowley, que como ocultista de rango superior pensaba ser quien tenía la última palabra en dichas cuestiones; éste se comportaba con bastante displicencia frente al doctor, al que pretendía ridiculizar enfrentándolo a su demagogia. En este caso, Crowley confiaba más en las informaciones que les proporcionaban sus contactos en logias alemanas, que tomar cualquier tipo de protección mágica. Sin embargo, desde el asunto Hess, en el que se dice que tomó buena parte, el servicio de inteligencia alemán había dispuesto que todas las informaciones que le llegasen al ocultista inglés desde campo enemigo fuesen todas bien falsas. Por no decir que es muy posible que aquellas supuestas revelaciones que Crowley recibió en su estancia en El Cairo, del Maestro Ra-Hoor-Khuit, no fuesen más que un intento de Qarnis Qum por contactar con alguien que pudiese sacarlo de su estado de letargo/muerte/sueño.
  • No está exenta de dudas la afirmación de que los nazis consiguiesen finalmente dar con el punto exacto de la tumba del hechicero supremo de Poseidonis, en las fuentes del Nilo. Hay datos bastante contradictorios al respecto; esto explicaría algunos movimientos estratégicos erráticos que realizaron las tropas alemanas en África, como si realmente estuviesen buscando algo (por más que no pudiesen ni acercarse a Sudán, que por entonces era protectorado británico). En cualquier caso, la operación aliada TORCH (08-11-1942), de desembarco masivo sorpresa contra todas las fuerzas de ocupación del Eje en África, terminó con cualquier posibilidad de dar con la tumba de Qarnis Qum, al menos en aquellos momentos. Esta operación comenzó sólo poco más de un mes antes del solsticio de invierno, con lo cual arruinó la esperanza del viejo Weisthor, astrólogo personal de Himmler y director de la operación FENRIS, que contaba con disponer de la carcasa momificada del mago, su reseco cadáver, para poder atar su cuerpo astral a él. Pensó el loco astrólogo que, de todas formas, podría invocar sólo su cuerpo etérico, y encerrarlo en algún tipo de círculo que había hecho grabar previamente en el empedrado del patio del castillo; pensó que era suficiente con realizar el ritual coincidiendo con el blôt del solsticio de invierno; pensó que con practicar algunos sacrificios humanos y salpicar con la sangre de las víctimas a todos los presentes, el espíritu del poderoso Qarnis Qum se haría presente y los tomaría a todos bajo su tutela espiritual, sin ninguna otra consecuencia. Habría que haber recordado, en todo caso, al viejo loco las palabras de advertencia que realizó en su momento Abdul al Hasr´d en su Qitab al Azif:
    “Sabias fueron las palabras de Ibn Schacab, quien declaró que no existe tumba más feliz que aquella que no alberga a un hechicero, tan dichosa como esa ciudad anochecida que ve a todos sus brujos reducidos a cenizas. Tiempo ha que corre el rumor de que el alma vendida al diablo no sólo rehúsa abandonar su recipiente de arcilla sino que ceba e instruye a los mismísimos gusanos que le devoran, hasta que de la corrupción brota un espantoso simulacro de vida, plagada de groseros carroñeros subterráneos. Se excavan en secreto hoyos inmensos donde debería bastar con los poros de la tierra y han aprendido a caminar seres que no deberían sino arrastrarse.”
    Según parece, los informes oficiales de la operación: NIKE debieron de perderse en algún momento del trasvase de competencias entre la OSS y la CIA, en los años cuarenta. No hay, pues, documentos oficiales que aclaren cuál terminó siendo el resultado de dicha operación. Es inequívoco que consiguieron frustrar de alguna manera los planes nazis, pero en qué forma es algo que no podemos imaginar.
    El doctor Peaslee, de la U. de Miskatonic, por sus propios intereses, llevó un diario de su participación en la operación, y años después, a principios de los sesenta, se entrevistó con el único miembro superviviente de la operación, el militar norteamericano, Obadiah Plisskin, el cual se encontraba internado en aquella época en la prestigiosa clínica Menninger (Topeka, Kansas). El veterano se encontraba aquejado de stress postraumático, y al parecer llevaba sin dormir a pierna suelta desde el 42, cosa harto inusual.
    Según nos desvela el doctor Peaslee en su diario, el soldado Plisskin había adelgazado hasta extremos insospechados, y era alimentado por suero, puesto que su organismo rechazaba cualquier tipo de sólido. Al parecer, el soldado se pasaba los días sedado, pues los ruidos fuertes (como la segadora de césped, o el motor del camión de reparto, por ejemplo) le provocaban reacciones violentas – un par de enfermeros de baja (uno de ellos permanente), y un psicólogo con la rótula definitivamente lisiada por culpa de un bolígrafo mal usado, eran el saldo que se había cobrado en el sanatorio, de momento. Su cuadro clínico, por ser breves, incluía una lista de fobias bastante completa (balistofobia, diplofobia, helmintofobia y kosmikofobia eran las más impresionantes de entre todas las que le aquejaban).
    Por tres ocasiones se entrevistó el doctor Peaslee con el soldado Plisskin: la primera fue totalmente infructuosa: parecía evidente que la desgastada psique del militar había bloqueado por completo la memoria de lo que aconteció la noche del solsticio de invierno del año 1942. Plisskin se limitaba a permanecer taciturno, con la mirada perdida, soñando despierto. De manera que el doctor solicitó al equipo de especialistas que trataba a Plisskin poder realizar al enfermo una sesión de hipnosis regresiva.

miércoles, 23 de enero de 2008

La atribulada vida del doctor Torralba (otra continuación)

Reseña biográfica

Ahora sí, definitivamente; ahora sí que pasamos a enumerar algunos momentos puntales en lo que se conoce de la vida del doctor Eugenio de Torralba, calificado por don Julio Caro Baroja "el mago más famoso del Renacimiento español o hispano-italiano".

  • Aprox. 1485-1490: Nacimiento del doctor Torralba en Cuenca (ciudad mágica, según nos comentan); proveniente de familia de cristianos viejos, hidalgos y caballeros. Ningún antecedente inquisitorial.
  • Aprox. 1500: Es enviado por su familia a Italia, Roma, para que se ilustre y eduque. Estudia Medicina y Filosofía, bajo la protección del obispo de Volterra (de quien los propios anales pontificios lo señalan como un personaje tanto intrigante, como cortesano y culto al mismo tiempo).
Inciso: Además de todo el caldo de cultivo esoterista/mágico (con raíces hundidas en el neoplatonismo y la kabbalah, como hemos comentado anteriormente), que recorría los ambientes eruditos de Europa, en Italia se debatía con no menos pasión - aparte de con un cierto riesgo para la propia vida - sobre la veracidad de la inmortalidad del alma; ahí se encuentra la famosa Escuela de Padua (bueno, eso de famosa es en su casa a la hora de comer, que hoy ya nadie recuerda ni a Pomponazzi, ni sus acaloradas demostraciones de que Aristóteles nunca llegó a defender, ni admitir la inmortalidad del alma). Afirmar semejante cosa parecería muy audaz en la época y en el lugar. Pero los prelados de la Iglesia, aquejados de un esnobismo muy característico de todo arribista, les protegían porque les parecía divertido, hasta que se cansaban de ellos (o por motivos políticos), y los dejaban en manos del corrector Santo Oficio... Queremos decir que, en un principio y aunque Roma fuese la capital de la Iglesia, parecía haber cierta tolerancia a creencias e ideas heterodóxas. Ya veremos que esto llevó a un exceso de confianza a más de uno, y finalmente los dirigió directamente a la hoguera.

  • Aprox 1507: El doctor Torralba entra en amistad con un tal "fray Pedro", fraile dominico, el cual le cede en préstamo vitalicio la propiedad y uso de su "ángel bueno", llamado Zaquiel o Zequiel. Cuentan que éstas fueron sus palabras: "Yo te e llamado y e hecho venir aquí para que sirvas y hagas lo que Eugenio de Torralva te dixere para que le acompañes todo el tiempo de su vida." Como vemos en este caso, no hay aquí rastro de invocación, pacto ni ninguna parafernalia satanista al uso, más bien al contrario, parece más bien un ruego amistoso lo que el tal fray Pedro le hace a Zaquiel.
  • Así es como el doctor Torralba describe al tal Zaquiel (al cual sólo podían ver él, y los que el espíritu quisiera que pudiesen verle): asemejaba un hombre joven y venusto (que significa hermoso al tiempo que afeminado, es un término en desuso, que proviene de Venus), de color blanco con una especie de cendal rojo, sobre el que llevaba una sobrevestidura negra. Zaquiel le hablaba en latín e italiano, y al parecer no consentía que le tocasen - cosa sin duda harto difícil, siendo un espíritu incorpóreo. No solía aparecerse nada más que al propio doctor, aunque en cierta ocasión el cardenal de Volterra afirmó haberlo visto, e incluso haber hablado con él (quizá una pequeña mentirijilla para hacerse el importante, o quizá realmente se le apareció). Como signo de que era un espíritu benigno (muy similar en esto al daimon de Sócrates), el doctor Torralba contó - al tribunal de la Inquisición - cómo en cierta ocasión, estando en el puerto de Nápoles con otro español, éste le propuso llevarlo a alguno de los muchos lupanares del lugar, cuando recibió un empujón de la nada (o de Zaquiel, hemos de suponer), que lo hizo desistir. Según parece, el nombre del espíritu proviene del apócrifo y muy prohibido "Libro de Henoch" - el cual es una suma tal de dislates, que ha dado ocasión incluso de encontrar en él pruebas de la visita de civilizaciones extraterrestres en la antigüedad. En él, como decíamos, se cita a un tal Zakiel, que es un nombre con una sonoridad hebrea, y además nombre de ángel: la terminación -el, significa algo así como "del Señor", puesto que El es uno de los nombres de Dios (no sólo para los hebreos, ya que como El era adorado también el distante dios creador de los canaaneos). Por cierto, que el doctor también nos cuenta la procedencia de Zaquiel: al parecer era oriundo de la India Alta, en concreto del legendario reino del Preste Juan (localizado, según algunos, en el pequeño reino cristiano-nestoriano del kan Togrul, de los kereyit o kerait, asimilados finalmente por los mongoles de Gengis), aunque no sería de extrañar que proviniese de un reino un poco más al este, y un poco más subterráneo...
  • De su asocación con Zaquiel se sigue la gran fama que alcanzó el doctor Torralba como médico, el cual daba solución a las enfermedades más raras de la época. El Coyote me interrumpe para obligarme a contar lo siguiente: Esto le recuerda al cuento popular en que un médico se hace amigo de la Muerte, y esta le dice que cuando vaya a visitar a un enfermo obre de la siguiente manera: cuando vea a los pies de la cama del enfermo a la Muerte significa que sanará; sin embargo, si la Muerte se encuentra en la cabecera, indefectiblemente, el enfermo caerá, de manera que el médico podría aceptar sólo casos en los que podía saber si el enfermo sobreviviría. Su fama llegó a hacerse tan extensa, que fue llamado para que curase al rey de cierto mal que lo aquejaba. Como el médico viese que la Muerte se encontraba junto a la cabecera, no se le ocurrió otra solución más ingeniosa que dar la vuelta a la cama, para poner a la Muerte a los pies de ésta...
  • Pero volviendo al tema que nos ocupa, no parece que en la época ni el lugar en los que el doctor Torralba se encontraba fuese cosa de ocultar sus escarceos con asuntos esotéricos, e incluso es posible que hiciese gala de ello entre tanto artista descreído, filósofo materialista y prelados tolerantes y esnobs, que organizaban elevadas tertulias intelectuales. Y como con el famoso cura de Bargota, nuestro doctor también hacía gala de tener conocimiento de asuntos que ocurrían en lugares lejanos y distantes (y es que parece que Zaquiel era especialista en política internacional). Así, se cuenta que en 1510 profetizó la derrota de don García de Toledo en la isla de Gelves, nada menos que ante el Gran Capitán y el cardenal Cisneros; luego, en 1516 profetizó la muerte de Fernando el Católico. Sólo un año después, se conoce que debió prever la conspiración iniciada por el cardenal Petrucci contra el papa, en la que al parecer participó activamente su mecenas y protector, el cardenal de Volterra. Como parece que Zaquiel le avisó de que León X finalmente ordenaría la muerte de los conjurados, y sabiendo de la caída en desgracia de su protector, el doctor Torralba decide dejar el enrarecido ambiente italiano, y volverse a España. En 1519, encontrándose ya en España, el doctor avisa al duque de Béjar de la conjura de los comuneros.
  • Durante cerca de diez años, el doctor pasa una vida de cortesano, durante un tiempo vive en la Corte, se traslada una temporada de nuevo a Roma (donde ya había muerto tiempo atrás su antiguo protector, el cardenal de Volterra). Finalmente, en 1527 lo encontramos afincado en Valladolid, al servicio de doña Leonor de Austria, hermana de Carlos I.
  • El 6 de mayo de 1527, un abigarrado contingente de mercenarios españoles, alemanes e italianos, bajo las órdenes del condestable Carlos de Borbón, procede al saqueo y pillaje de la ciudad santa, Roma. Los soldados llevaban meses sin cobrar, encontrándose en tierra inhóspita y enfrentándose a las fuerzas combinadas de los condottieri, señores de la guerra, con el apoyo de franceses y del partido de los papistas. Cuando por fin las fuerzas imperiales se hicieron con la victoria, ningún mando fue capaz de impedir el saqueo conocido como el Saco de Roma. Aquellas fueron unas jornadas terribles, de barbarie y destrucción como no se han conocido. El bueno del doctor, según narró posteriormente al tribunal de la Inquisición, dormía apaciblemente aquella noche en una posada en Valladolid; fue despertado entonces por Zaquiel, que le informó de que un suceso terrible acontecía en Roma en aquellos instantes. Sin darle tiempo para muchos preparativos, en una hora y media le transportó en volandas hasta una azotea de Roma, donde contempló durante media hora el desastre. Luego, en otra hora y media, estuvo de nuevo en su habitación, en la posada de Valladolid, como si no hubiera pasado nada.
  • Entre las amistades más duraderas del doctor se encontraba cierto hidalgo, llamado don Diego de Zúñiga. Éste había sido capitán de infantería en Valladolid, y al parecer también era pariente del duque de Béjar. El doctor y don Diego se conocían ya de la época en que ambos estuvieron en Italia, y parece que desde entonces el doctor Torralba le había hecho confidencias a don Diego sobre la existencia de su "espíritu familiar". Pero es sólo muchos años después, alrededor de 1527, vivendo ambos en Valladolid, cuando don Diego se decide a pedir al doctor hacer uso de su familiar. Según parece, este don Diego de Zúñiga vivía como huesped de una viuda, en cuya casa se rumoreaba que estaba escondido un tesoro - todo muy cervantino y quijotesco, por cierto. Tanto el soldado como la patrona solicitaron al doctor que preguntáse a Zaquiel cómo podían recuperarlo. El bueno de Torralba (quizá por no pillarse los dedos, quién sabe) les dijo que Zaquiel había asegurado que aún no era el momento de recuperar el tesoro, puesto que estaba custodiado por dos espíritus encantados de tiempos de los moros.
  • La respuesta de Zaquiel no debió agradar demasiado a don Diego que, poco después, se dirigió al tribunal del Santo Oficio en Valladolid. Con su denuncia de los tratos nigrománticos del doctor y otras calumnias, la Inquisición dio orden de que se diera preso al doctor Eugenio de Torralba. Aquí empieza su proceso, que duraría cerca de tres años llenos de interrogatorios, aislamiento y tormentos varios.
La conclusión, en la próxima entrega. ¡Y con anotaciones del Coyote!

viernes, 18 de enero de 2008

La atribulada vida del doctor Torralba (continuación)

Demonios, familiares y diablos

Que el bueno de Sócrates tenía un daemon, es bien conocido. Él mismo, cuando fue procesado por el pueblo de Atenas por corrupción de la juventud, lo reconoce. Pero, claro, era éste un espíritu sujeto a cierta moralidad (daemon, en la época clásica, no tenía las connotaciones negativas que posteriormente se le dieron, ya una vez implantado el cristianismo). El testimonio recogido por Platón en su Apología de Sócrates no deja clara la proveniencia de este ser invisible y que sólo el propio Sócrates podía sentir. Pero, como decíamos, este daemon estaba sujeto a ciertas normas morales, y cuando observaba que Sócrates iba a emprender alguna acción errada, o moralmente censurable, se lo advertía pegándole un delicado empujón, para hacerle ver que no le gustaba el camino que iba a tomar.

Visto así, pareciera que el daemon de Sócrates era algo así como un reflejo de su conciencia moral, o todo lo más un ángel de la guarda (no judeo-cristiano, por supuesto).

En cualquier caso, el relato del espíritu que acompañaba al abuelo de la mentalidad racional occidental, era de sobra conocido por las gentes con una cultura media-alta durante el Renacimiento y Barroco. Es una de las leyendas relacionadas con filósofos clásicos, como aquella que pretende que Pitágoras había sido un devoto iniciado en la magia, y en la que de fondo subyace la idea siguiente:

Los filósofos, al ahondar y penetrar con su curiosidad y entendimiento en lo realmente real de los fenómenos, son capaces de percibir los resoltes ocultos de la naturaleza, más allá de la ilusión, ya se sabe: todo lo visible y lo invisible. Sin embargo, como decía el bueno de Lovecraft: "... la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes." (La llamada de Cthulhu)

Pero volviendo a los daemones; discípulos posteriores de la Academia (de Platón, claro), desarrollaron a partir de las concepciones del maestro, toda una cosmología y un sistema idealista - del que posteriormente tomaron no pocos préstamos algunas escuelas gnósticas e incluso el mismo cristianismo, cuidado. Y en un momento concreto, ciertos aspectos de esta cosmología se confunden y fusionan con la propia cosmología judeo-cristiana; así, Filón de Alejandría, judío helenizado, reconoce explícitamente la realidad de estos seres intermedios entre el ser humano, físico y terrenal, angeloi, daemones, o como quiera llamárseles. Y estos seres, andando los siglos, fueron reconocidos como djinns (o "genios") por los hechiceros del mundo islámico - herederos directos del mundo greco-latino clásico.

Pero no podemos olvidar aquí tres corrientes de pensamiento (que, en parte, se entrecruzan y bifurcan a lo largo del tiempo, llegando a confundirse en algunos momentos): por un lado el gnosticismo, con sus eones y emanaciones de seres cósmicos, por otro, el hermetismo, muy similar en planteamientos al gnosticismo (pero también distante), con sus famosas entidades que revelan verdades universales a sus adeptos - me estoy acordando en concreto de Poimandres; y, finalmente, la Kabbalah hebrea, la que más expresamente tiene tratos con espíritus angélicos y otras entidades (diría yo, a modo de mediúmnica escritura automática, pero esto ya es mucho decir).

Sin embargo, con la paulatina e histórica imposición del cristianismo, todas estas creencias fueron relegadas al plano de lo heterodoxo (o directamente herético), cuando no directamente destruidas y olvidadas - como ocurrió con el gnosticismo, del que sólo nos llegaron referencias por sus oponentes, los teólogos Padres de la Iglesia, hasta el relativamente reciente descubrimiento de la biblioteca de Nag Hammadi. Llegó un momento, incluso, en el que la Iglesia se vio en el deber de prohibir la devoción angélica entre el pueblo, que rayaba el paganismo.

El mundo de los espíritus, entonces, se torna con el cristianismo abiertamente maniqueo; hay, pues, espíritus buenos y espíritus malos: ángeles y demonios. Pero si bien los ángeles no parecen ser más que emanaciones de la Voluntad de Dios, mediadores entre lo Absoluto y el mundo material, es decir mensajeros sin voluntad propia, pasa todo lo contrario con los demonios. Estos, al haberse rebelado al Creador y expulsados de su Presencia, adquieren independencia y voluntad propia.

Endemoniados y exorcismos

Los demonios, al ser espíritus incorpóreos (a mí que me registren, no pienso ser más explícito), envidian a los humanos y anhelan tomar el control de algún cuerpo, en otras palabras, encarnarse. Las pasiones más terrenales les chiflan, de hecho algunos ángeles han caído, al ser tentados por los sentidos más voluptuosos y las emociones que ofrece el cuerpo humano. La Biblia está llena de referencias a endemoniados, a los que Jesús curaba expulsando aquellos espíritus con una facilidad pasmosa (aunque no es el único, sí que era de los más buenos).

Pero el fenómeno de la posesión y el consiguiente ritual de exorcismo no son exclusivos del entorno cultural cristiano. De hecho, están presentes en casi todas las tradiciones del planeta - afirmación que habría que matizar, pero no estamos para eso. El exorcismo, como rito terapéutico, tiene un valor enorme, puesto que allí donde la ciencia psiquiátrica abarrotaría al enfermo de calmantes y demás, los pasos para realizar el exorcismo tienen efectos más allá de la parte racional, apelando al subconsciente a realizar una lucha arquetípica, una batalla ancestral (el arcángel contra el dragón, el guerrero de luz contra el guerrero de oscuridad, en fin...), de la que sale fortalecido y recuperado el endemoniado.

Todo hay que decirlo: sólo en casos muy precisos puede ser efectivo el exorcismo. En manos de gente inculta y supersticiosa, o de maníacos y egocéntricos, puede ser muy peligroso e incluso mortal. Además, no hay que olvidar que antaño se consideraba endemoniado a cualquiera con alguna enfermedad mental (y a epilépticos, es de suponer), y no poca gente ha sufrido a consecuencia de esto.

Volviendo al tema del exorcismo, hay unos cuantos pasos que son imprescindibles para que este funcione (el Ritual Romano es un poco más extenso, pero en esencia es lo mismo): 1) Hay que obligar al espíritu a que te revele su nombre (ya se sabe, conocer el nombre secreto de los espíritus es el primer paso para que te obedezcan y atarlos a tu voluntad); 2) también se le pueden hacer preguntas concernientes a cómo expulsarle, y en teoría, el espíritu está obligado a decir la verdad - aunque sólo en esto, según parece; 3) hay que pedir al espíritu que haga alguna señal de que realmente ha salido del poseido; y, 4) aunque esto creo que esto no es imprescindible, cuando sale el espíritu del cuerpo hay que buscarle otro anfitrión, normalmente en algún animal cercano disponible (Jesús en uno de sus exorcismos obligó a los espíritus a entrar en una piara de cerdos).

En el caso del cristianismo habría que añadir que parte imprescindible del exorcismo es apelar a estancias espiritualmente superiores (ya sabéis: el poder de Cristo te obliga, etc...) Ha habido más de un caso donde el sacerdote exorcista ha tenido que repasar el santoral entero con tal de expulsar al demonio de turno. Sin embargo, el ritual de exorcismo tiene un par de aspectos parecidos, o similares, con el ritual taumatúrgico de invocación de espíritus, de creación de familiares y demás: Se usa el nombre verdadero del espíritu para controlarlo, se lo obliga a entrar en el cuerpo de un animal, y se le usa para tener acceso a conocimientos vedados al hombre. Sin embargo, la diferencia más radical, creo, consiste en que en estos casos no se apela no se depende de entidades espirituales superiores: es la voluntad de artífice, del magus, vaya, la que obliga al espíritu a obedecerle en todo momento.

No pocos practicantes de las artes herméticas se han condenado por un exceso de hubrys, por su hinchado orgullo.

Para otra ocasión dejamos las consonancias y diferencias del ritual romano de exorcismo con las técnicas chamánicas, o las shinto japonesas.

Guille, el familiar del Coyote, hace un par de años

miércoles, 16 de enero de 2008

La atribulada vida del doctor Torralba (continuación)

Precedentes: El cura de Bargota, Apolonio de Tiana et alia

Sólo haremos un resumen superficial, porque la leyenda es bien conocida (o al menos antes lo era; creo recordar que hace años echaron por la tele una serie española sobre temas así de brujería y demás, y uno de los capítulos contaba la historia con todo detalle, bastante completita - postdata: es posible que fuese una película y no una serie, así que no insistiremos en el tema).

El cura Joanes, de la parroquia de Bargota en Navarra, en su juventud al parecer había estudiado en Salamanca, y en la Universidad tuvo tratos con ciertos círculos de nigromantes o brujos, que lo iniciaron en el tema, llevándolo a sus aquelarres en la famosa Cueva de Hércules. Con aquellos conocimientos, terminó atando un demonio familiar, que puso a su servicio algún otro demonio superior con el que el cura había hecho un trato.

Al parecer, entre las gentes del pueblo empezó a correr la suerte de que el familiar del cura lo llevaba por los aires hasta lugares distantes, pues en ocasiones podía verse al cura con la sotana chorreando, cuando no había caído una gota de lluvia en todo el día; o incluso restos de nieve en sus zapatos en pleno estío.

El cura también se hizo famoso porque era capaz de profetizar el resultado de algunas batallas importantes, que estaban aconteciendo en ese mismo momento en Alemania o Italia, antes incluso de que llegasen emisarios con correos que lo confirmaban. Debía dar la impresión de que el tipo se teletransportaba allí, gracias a las artes del espíritu familiar en su poder. También se cuenta que visitó en varias ocasiones Roma, e incluso salvó al papa de una conspiración contra su vida, gracias a lo cual fue perdonado por todos sus pecados, y el mismo perdón papal llegó en último momento a Bargota, cuando el cura estaba a punto de ser quemado por orden de la Santa Inquisición.

Pero las visiones de lugares distantes y lejanos, cuando no ya el viaje mismo por uno u otro medio “mágico” (sea a lomos de un espíritu, a horcajadas de una escoba, o sobre alfombras persas de preciosa factura), ya llevan siendo parte del imaginario colectivo desde hace milenios. Hay un precedente, por ejemplo, en la figura de Apolonio de Tiana, el taumaturgo romano, que era capaz estando en Alejandría de anunciar la muerte del emperador en Roma, aunque también tenía dotes de exorcista y otras habilidades estupendas – su figura fue ampliamente utilizada por Filóstrato, para escribir un panfleto que hiciera de rival pagano frente a los Evangelios y las milagrosas hazañas de Jesús que en ellos se narran (ignoramos si la Vida de Apolonio de Tiana, título del panfleto, era una biografía oficial, y había sido autorizada por el mismo Apolonio, lo más seguro es que no).

Y hablando de demonios que llevan en volandas a sus dueños humanos, le viene al Coyote a la memoria la anécdota apócrifa en la que se enfrentaron (dialécticamente) san Pedro apóstol y Simón el mago; el mago de Alejandría le mostró su poder al "santo", obligando a sus demonios que lo elevasen en el aire ante la multitud alucinada del foro romano. Al parecer, con unas palabras del apóstol (inspirado por el "espíritu santo", aunque claro, qué hace santos a unos espíritus y no-santos a otros, sólo lo saben los capitostes de la Iglesia), forzó a los demonios para que soltasen al padre del gnosticismo, que se descalabró el pobre, como castigo por su envanecido orgullo intelectual.

Decimos que la anécdota es apócrifa porque, al parecer, está basada en la interpretación errónea de un antiguo grabado, que otro día mostraremos aquí. Y además, según parece, está demostrado históricamente que san Pedro nunca estuvo en Roma.


PostData:

Nos comenta el Coyote, así como de pasada, que existen bastantes errores de exactitud en la entrada de Apolonio de Tiana de la estupenda y para nada fiable Wiki; entre otros, al parecer, comenta que Apolonio nunca llegó a morir físicamente, tal como se cuenta allí, sino que tras años de arduas investigaciones, el taumaturgo terminó hallando una puerta. Para variar, cuando le hemos querido insistir en la cuestión, para que explicase o ampliase qué quería decir con "hallar una puerta", el Coyote ha empezado a divagar y usar expresiones tales como "dislocación", "viajes astrales" y el efecto que tenía para el organismo cierto moho que crecía en el pan ácimo que se preparaba en todo Oriente durante la antigüedad.