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martes, 19 de marzo de 2013

Qarnis Qum: un epílogo (segundo)


"The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
    The ceremony of innocence is drowned"

The Second Coming, W. B. Yeats


Antes de que  la integración de los contenidos del "Liber Hyperboreas" en el subconsciente colectivo alcance  ominosas e inimaginables consecuencias, continuamos el relato inacabado de su historia, así como la más hermética y sincronizada historia de su impulsor y primer compilador, el siniestro Qarnis Qum, hechicero supremo del continente hundido conocido por muchos como Atlántida.

Reproducción de un fragmento de bajorrelieve,
hallado en unas excavaciones submarinas entre las Hébridas e Islandia

Continuación de los extractos de documentos clasificados de alto secreto por el Estado Mayor alemán, entre los años 1933 y 1945, o como se indica al principio de cada documento Komandosache, Hoechst Vertraulich (Asunto Oficial Secreto):

b) Notas sobre la vida militar del Obergruppenführer Otto Gross:

Alistado al cuerpo de élite de las SS, emprende su carrera como miembro de uno de los comandos blitzkrieg; posteriormente, y trasladado a Estonia, pasa a formar parte de los Einsatzgruppen; de ahí pasa al frente ruso, donde actúa como mano ejecutora del politik comissar, conociéndoselo por su extremada crueldad. Al poco, Heydrich, "el carnicero de Praga", como representante del Führer en Checoslovaquia (Protector del Reich de Bohemia y Moravia), lo hace llamar, para que se encargue de la endiablada resistencia checa. Pese a su eficacia, fue solicitada su vuelta a Alemania, de modo que no pudo evitar el atentado que terminó con la vida de Heydrich. En su país de origen, Gross fue puesto inmediatamente bajo las órdenes del sucesor de Heydrich en la Gestapo, Ernst Kaltenbrunner, quien le encargó numerosos asesinatos encubiertos de enemigos políticos y otros, en las operaciones conocidas como Nacht und Nebel (noche y niebla). Su eficacia llevó a Heinrich Himmler a fijarse en él, de modo que lo terminó convirtiendo en uno de sus protegidos.

Una vez tomadas las execrables medidas que darían lugar a la Solución Final para el asunto judío, Gross fue encomendado al campo de concentración de Sachsenhausen; desde entonces, sus atrocidades aumentan sin aparente freno. Pese a ostentar un cargo elevado en aquel campo, en numerosas ocasiones, en lugar de hacer que subalternos llevasen a cabo las labores de matanza, él mismo se ocupaba en persona y con la minuciosidad de un cirujano. Se sabe que tuvo algún tipo de participación en la operación Bernhard (o Krüger), organizada desde este campo.

Es en Sachsenhausen, en cargo de supervisor, donde, casi por casualidad, entre las pertenencias de un anciano judío alemán socialista, encuentra las milenarias tablillas del mausoleo de Qarnis Qum. Previendo el valor de éstas, y conociendo de antemano el interés casi maniático de Himmler por las reliquias ocultistas, se encarga personalmente de interrogar a este anciano judío, que había sido maestro de escuela y erudito en lenguas muertas. Como consecuencia de aquellos "interrogatorios", el pobre hombre resultó muerto.

Así pues, una vez llevadas las reliquias atlanteas a Berlín, Himmler decide poner a Gross al mando de la operación FENRIS, que se encontraba en punto muerto desde que los especialistas de la Ahnenerbe llegaron a la conclusión de que las copias del "Liber Hyperboreas" eran incompletas, y resultaba altamente inseguro volver a utilizar el ritual de invocación allí expuesto sin poseer toda la información. Gracias a este servicio, le fue otorgado personalmente por Himmler el anillo de calavera de las SS, conocido como Totenkopfring (diseñado por el astrólogo personal del Reichsführer, Weisthor).

Inmediatamente, para acelerar los resultados de la Operación FENRIS, se le concede el puesto de director ejecutivo - pues el cargo nominal aún lo ostentaba Weisthor, pese a que su avanzada edad le impedía hacerse cargo de todo aquello. Aquí es donde Otto Gross entra en contacto con el principal especialista en lenguas muertas de la Ahnenerbe, el ya mencionado Walter Schlesienberg.

Para entonces, Walter ya estaba comenzando a obsesionarse con el contenido del Liber Hyperboreas; en su diario relata los extraños sueños que empezó a tener, a partir de la entrega de las tablillas originales y su exitosa traducción de éstas; se entiende que, conforme profundizaba en su labor de intérprete, su interés inicial, que no pasaba de meramente académico, fue metamorfoseando en insana monomanía. Tal es el punto que, su diario de trabajo, desde un principio metódico y organizado, en sus últimas páginas, no es más que un muestrario de fragmentos dispersos, incoherencias y retazos ininteligibles, y que dan buena cuenta de su estado mental, durante los meses y semanas previas a su suicidio.

De la detallada investigación que el doctor en psicología Wingate Peaslee y profesor de la Universidad de Miskatonic que llevó a cabo de todo este asunto, allá por los sesenta , podemos entresacar algunos extractos del diario de Schlesienberg, situado en aquella época en los archivos de la oficina central de la  CIA (proveniente de los archivos de la extinta OSS), en Langley, Virginia - ya de por si incoherentes, sin necesidad de que los extensos párrafos clasificados bajo el lema de Alto Secreto y convenientemente tachados lo vuelvan todo aún más confuso:

"Voy a montar el helado" "He hablado con Dios, y nos ha abandonado" "Por favor, repriman a los amigos del Chino y al Comandante de Hitler" "La Tierra entera arderá en un holocausto de éxtasis y libertad" "Han bajado de las estrellas a través del ocaso" "Él... Ella... dice que es Caos; está vivo (o viva), y nos dice que somos libres" "¡Ah! ¡esta luz... esta luz! ¡Me quema los ojos!" "El hombre no percibe las cosas del espíritu, porque para él son locura" "¡Ya nada será como antes!... Hemos descubierto el significado de las palabras, de los gestos, de los rostros..." "Empezaste la historia sin saber el final. La narración no está completa. El título solamente no vale." "Sí, estoy controlado, no hay duda." "Los cuerpos sólidos sin ventanas y de cinco dimensiones." "La primigenia gelatina blanca." "El terror remueve mis cuencas vacías." "Seres sin cabeza cantarán sobre mi tumba una canción incomprensible. Y se repartirán los huesos de mi alma." "Atraviesa las paredes del Templo de Cristal". "¿Será tu alma buen alimento para los perros?"



Continuará en la próxima entrega.

domingo, 8 de abril de 2012

Qarnis Qum: un epílogo

“Sabias fueron las palabras de Ibn Schacab, quien declaró que no existe tumba más feliz que aquella que no alberga a un hechicero, tan dichosa como esa ciudad anochecida que ve a todos sus brujos reducidos a cenizas. Tiempo ha que corre el rumor de que el alma vendida al diablo no sólo rehúsa abandonar su recipiente de arcilla sino que ceba e instruye a los mismísimos gusanos que le devoran, hasta que de la corrupción brota un espantoso simulacro de vida, plagada de groseros carroñeros subterráneos. Se excavan en secreto hoyos inmensos donde debería bastar con los poros de la tierra y han aprendido a caminar seres que no deberían sino arrastrarse.”
Abdul al Hasr´d, Qitab al Azif



Una necesaria introducción y una explicación innecesaria

Era algo que había quedado pendiente. Hace un par de años que se publicó toda la información que poseíamos, concerniente a los actos y sus consecuencias (sobre todo estas últimas) del así conocido como Qarnis Qum: el hechicero supremo de Poseidonis, la fabulosa capital del sumergido imperio atlante. Por el bien de nuestra escasa cordura, nos vimos en la necesidad de dar un punto final con cierta precipitación: la maligna influencia de este “warlock” se dejaba sentir incluso miles de años después de su sepultura, en algún punto indeterminado del actual Sudán; ominosos sueños y visiones, con voces de ultratumba acosaban nuestras noches, hablándonos en idiomas muertos y olvidados. Sin embargo, la historia de Qarnis Qum no es una historia lineal, además de ser una historia colectiva (en el sentido de que son muchas historias, aparentemente inconexas, que en algunas ocasiones han marchado sincronizadas), de manera que en cualquier momento podían surgir nuevos datos que ampliasen nuestra visión de todo aquello. Y, efectivamente, así ocurrió.

El Viejo Coyote nos apareció una mañana con un cartapacio de abultado contenido. Dejándolo caer en la mesa de la cafetería, nos retaba con gesto teatral. Como nos había contado de forma fragmentaria, entre continuas interrupciones, rodeos y cambios de tercio, hacía tiempo que el Coyote había conseguido el carné de la biblioteca de Babel, y con ello el acceso potencial a cualquier biblioteca del multiverso. Alguno de los presentes ya había aludido a la escasa fiabilidad de los libros sacados de allí: la mayoría sólo contenían palabras absurdas, frases inconexas, e incluso de un libro medianamente coherente, podía encontrarse allí otro refutando al primero. Recuerdo que el Coyote, apurando la colilla, aseguró de forma prepotente que en cuanto a información se tratase, poco importaba que esta fuese o no verdadera: lo importante siempre había sido el uso que se le diese.

De manera que, derrotados por su lógica, abrimos la carpeta y echamos un vistazo a su interior. Por supuesto, no eran libros, no habrían podido caber dentro de ella: la mayoría eran archivos, folios mecanografiados con membrete, informes oficiales escritos en jerga burocrática, páginas arrancadas de diarios personales, recortes de prensa y demás papeles; había incluso un par de microfilms. La mayoría estaban amarilleados, y tenían el aspecto de haber pasado más de dos décadas olvidados, entre anaqueles polvorientos. Hasta que el Coyote asomó su hocico por las estanterías.

Pero fue su contenido lo que más nos sorprendió. De manera que después de verificar algunos hechos, organizar y ordenar cronológicamente toda aquella información, damos a conocimiento público los últimos estertores de esa historia que empezó en los albores de la civilización, entre la blanquecina espuma de las inmensas olas que produjo el hundimiento de la Atlántida, una historia cuya agonía comenzó a finales del siglo pasado.

Como la cantidad de material reunido daría para unas cuantas entradas de este humilde blog, y no estamos por la labor de dedicarle mucha más atención a un tipo tan nefasto y peligroso como fue (¿o es?) Qarnis Qum, he aquí un resumen de su contenido, en orden más o menos cronológico. Deseamos que, con esto, se cierre por completo el círculo.

(Advertencia: algunos nombres y fechas han sido alterados, para evitar conclusiones desagradables)



- Fragmento de la así llamada “Corónica Menor del Regnado del Rey Alfonso X”, atribuida a fray Pero de Ainsa, que publicamos íntegramente, como curiosidad histórica:

"Capítulo XVI: De cómmo el rey rescibe el presente que el Sultán de los moros le havia embiado et de las distintas reacciones que avia susciptado

En los diez e ocho annos del regnado deste rey don Alfonso, que fue en la era de mill e trezientos et ocho annos et andaua la naçençia de Ihesu Christo en mil e dozientos e setenta annos, pues acaesçió que el rey don Alfonso fue rescibido de un presente que le auía embiado el Sultán de los Omeyas, del reino de Damasco1; et uenían a descir las embajadas deste rey moro que era éste presente de buena voluntad, mas resultó que eran unas tablas de piedra escriptas con símbolos desconoscidos en la cristiandad; et pensando el buen rei que eran escriptos moros concernientes a sabiduría astrológica, hízolos embiar al scriptorium de sabios que hauía fecho instalar en Toledo.

Et commo quier que los sabios se encontraron estupefactos, ante la escriptura ignota de las tablas del Sultán, se dedicaron a la tarea de traduçirlo con zelo e empeño; et otrosí viendo los terribles e blasfemos conoscimientos que desuelaban las piedras del Sultán, moros, judíos et cristianos por igual, soliçitaron merced al rei para detener la traducción, cosa que el prudente soberano ordenó facer, sorprendido de que, por una vez, sabios de las tres religiones estuviesen de acuerdo en algo; incluso los más fanáticos alcanzaron a aconsejar la destrucción inmediata de las tablas, por que non quedar rastro déllas en la faç de la tierra, pues no pocos habían temido, pues barruntaban que aquestas tablas estavan malditas, et que sólo trauían desgracias a sus poseedores.

Et otrosí cada uno de los sabios a quien se había encomendado la labor, habían tenido fatal destino como sigue; Frai Mauro Ferrán fue muerto fulminado, en el mismo scriptorium, apenas comenzó a vislumbrar el significado terrible de aquellos signos; et otrosí el sabio moro llamado Alarbí aseguró que, desde que se puso al trabajo de traduscir, Satán le enbiaba sueños de malévolas imágenes en todas las noches, et un día tomó unas hierbas en su poder, matándose acosado por infernales visiones; i el maestro Yehuda ben Rehab, saltó una noches por su ventana, guisado en alaridos de terror, et según aseguran los últimos que lo vieron con vida, huyendo de seres invisibles que sólo él podía ver.

Et otrosí, al poco de acaesçer aquestos sucesos, vieron que el maestro judío Isaak ben Moshe, quien havía participado en labor de traduscir el Libro Complido de los Judicios de las Estrellas, del moro Abenrajel, et havía asistido al anciano Yehuda ben Rehab en su intento de traduscir las tablas del Sultán, hauíase ydo, lleuándose consigo las tablas; como quiera que el rei don Alfonso no quiso fazer por perseguirlo, el presente del Sultán de Damasco se perdió con él; et no faltaron quienes corrieron la suerte de que aquello era mejor, si era cierto que aquellas tablas de piedra estaban encantadas, et que el rei moro sólo havía mandado el presente para fechar una maledicçión al buen rei cristiano. Tampoco faltaron commo los hubo, quienes dijeron que todo aquello sólo eran superstiçiones, et consejas.

Addendum:

Luego de escribir aquestas letras, sabido se ha que el tal maestro judío Isaak ben Moshe, hauiendo marchado con las tablas del rei moro, húbose instalado en algún condado de la Provença, et aunque otros discen que lo fue en la ciudad de Lyon; et aún supo este fraile de corto entendimiento que el tal maestro Isaak era conoscedor de esa práctica de adivinasçión heretical llamada por los judíos como Cábala, et que huvo de tommar por disçípulo a un tal Eleazar bar Jacub, a quien se disce húbole de legar las malfadadas tablas del rei moro."

Cabe anotar aquí un error de imprecisión por parte del cronista; en el año tratado, esto es, 1270, el poderío en el mundo musulmán había pasado consecutivamente de la familia Omeya, con sede en Damasco (quienes habían creado el Califato independiente de Córdoba en el año 939, disgregado finalmente en los llamados reinos taifas), a la familia Abasí, que desplazó la capital del imperio a la ciudad de Bagdad. Aún así, ésta había de caer por el embate de los pueblos mongoles más de cincuenta años antes del momento de las crónicas; y en aquellos momentos, Damasco pasaba por ser el bastión del Islam, frente a las fuerzas cristianas reunidas por la Cruzada, regida en aquellos momentos por Sultanes selyúcidas. Posiblemente habría que señalar en uno de éstos últimos como el "rei moro" de Damasco, a quien se refiere fray Pero, en su crónica, no sea otro que el célebre sultán mameluco Baibars, quien llegó a ver expandidas las fronteras de su imperio hasta el interior de tierras Nubias. No obstante llevar el título de Sultán de Damasco, se lo conoce principalmente por serlo de Egipto, con capital en El Cairo. Nótese que, al tener la capital en El Cairo, resulta mucho más creíble la vinculación con estas tablas que se citan.


- Los siguientes textos están formados principalmente por documentos clasificados de alto secreto por el Estado Mayor alemán, entre los años 1933 y 1945, o como se indica al principio de cada documento Komandosache, Hoechst Vertraulich (Asunto Oficial Secreto), entre los cuales destacan:

a) Fragmentos del diario personal de Walter Schlesienberg, dotado lingüista, especialista en lenguas muertas y miembro de la Ahnenerbe (Instituto para la Investigación de las Raíces Espirituales de la Herencia Ancestral Alemana). Según parece, sus cualidades naturales para los idiomas, y su conocimiento exhaustivo del egipcio arcaico, especialmente de la escritura llamada hierática, lo hicieron candidato perfecto para encargarse de la traducción parcial del “Liber Hyperboreas”.

Como se recordará, en aquellos años una copia de tan nefasto libro pasó a formar parte de las propiedades de la Ahnenerbe (puesto que el Partido Nazi había ordenado la disolución de numerosas sociedades secretas, entre ellas la Sociedad Thule, en cuyos fondos se hallaba anteriormente). Sin embargo, las primeras conclusiones a que llegaron los especialistas fueron que dicho libro estaba incompleto, y que resultaría imposible reconstruir una invocación completa de Qarnis Qum – pues otro no era el objetivo de aquellos locos peligrosos. No sólo la copia que obraba en su poder estaba incompleta, sino que además, el mismo “Liber Hyperboreas” no era más que una traducción parcial de las tablillas que habían sido extraídas de la perdida tumba de Qarnis Qum. De manera que se dieron cuenta de que se encontraban ante un callejón sin salida.

Y todo aquello habría quedado así de no ser porque, de alguna manera, los nazis consiguieron recuperar las tablillas originales de la tumba de Qarnis Qum. Aquellas que, según dice la leyenda, fueron enterradas con él, durante la víspera del hundimiento de la Atlántida; las mismas en las que, según dicen, el hechicero supremo de Poseidonis consignó toda su terrible sabiduría, e hizo sepultar con él en su letargo parecido a la muerte. Las mismas tablillas que, siglos después, serían robadas por unos ladrones de tumbas, y que el Sultán de Damasco regaló al rey castellano Alfonso X, dejándolas a su vez el rey en manos de sus sabios traductores de Toledo. Tablillas que, con intención de evitar que tales blasfemos conocimientos salieran a la luz, robó un maestro cabalista sefardí, que terminó instalándose en el sur de Francia. Y de alguna forma, estas tablillas pudieron ser vistas por un desconocido alquimista francés, que fue quien finalmente se dedicó a lo que se pensaba la traducción completa de las perdidas tablillas de la tumba de Qarnis Qum, el tristemente famoso “Liber Hyperboreas”. Es de suponer, que las tablillas habían pasado en herencia directa por todos los descendientes del rabino sefardí que se hizo con ellas, hasta que terminaron en las del último en la línea de sucesión, que dio con sus huesos en un Konzentrationslager, una vez fue expoliado por los nazis de sus posesiones valiosas y humillado en su dignidad hasta un punto indecible.

Por supuesto, en su diario, Walter no menciona nada de esto último; en cambio, nos narra la emoción de la responsabilidad de tal tarea: para él, su labor no era otra que ser el primero en descifrar un idioma perdido, el Atlanteano, como él había dado por llamarlo. Según deja entender, el contenido esotérico de la obra no le interesa en absoluto; son los detalles técnicos los que le atraen realmente. Las tablillas de la tumba de Qarnis Qum, aunque estaban consignadas efectivamente en alfabeto egipcio, sin embargo, la lengua en que estaban escritas seguía siendo totalmente desconocida para el lingüista, de no ser por la aparición de Otto Gross.

La imagen que Walter deja entrever de este oficial de la SchutzStaffel (SS) es de respeto rayano en terror. Ese hombre daba miedo real a Walter, pero gracias a él, su labor pudo avanzar enormemente. Según se entiende, Otto Gross debía ser algo así como una especie de comando de una sola persona, encargado de trabajos más bien íntimos y de delicada manufactura, a quien en algún momento se le otorga la dirección del proyecto: Fenris. Pues fue gracias a él, y no a otro, que se pudieron recuperar las tablillas mencionadas.

(continúa en la próxima entrega)

Para tener una visión completa de todo el asunto, aquí se narran los hechos precedentes de estas historias sincrónicas:

Primera Parte

Segunda Parte

Tercera Parte

Cuarta Parte

martes, 24 de junio de 2008

Personajes históricos fascinantes: Domingo Badía, a.k.a. Alí Bey (conclusión)

Concluimos, si bien de forma precipitada, con el periplo magrebí de Domingo Badía, más conocido bajo la identidad de Alí Bey el Abassi – con ese y algunos otros nombres más, que sacaba a relucir según la circunstancia lo iba requiriendo. Bienvenidos al post más largo (de momento) de El Blues del Coyote. Que aproveche.

Viajes por Marruecos (y III)

• Como ya hemos adelantado, uno de los más importantes fines del viaje de Badía/Bey por Marruecos no era otro que recabar toda la información posible sobre las debilidades del sultán Sulaymán, inclusive las enemistades con sheiks de las tribus nómadas del bajo Atlas. A éstos, en la medida de lo posible, Alí Bey debía hostigarlos y afilar esos roces hasta provocar una revuelta que valiese a Godoy de casus belli para enviar los ejércitos de la Corona, y hacerse con tan provechoso punto estratégico, en la boca del Mediterráneo, así como convertir Marruecos en el “granero de España”, del que ya se había echado mano en ocasiones de carestía anteriores – como hemos dicho, a Godoy no se le escapaba la inestable situación política en las Colonias de Ultramar, y más aún azuzados los ánimos revoltosos por el triunfo de la independencia de Estados Unidos, en el norte, así como el de la Revolución en Francia (sin contar con la nociva imagen que daban de España y la Corona tanto las logias masónicas como los jesuitas allá en América). Poco faltaría para que Simón Bolivar, entre otros libertadores, emprendiera los pasos para la tan pospuesta independencia. De modo que Badía, hombre de ciencia, aventurero y soñador a partes iguales, pasó a convertirse en pieza clave del gran juego de la política, sin pretenderlo.
Badía, sin embargo, no sólo no consiguió apenas un trato distante (aunque educado) por parte del sultán, sino que no tuvo contacto con ninguna tribu berebere digna de enfrentarse a Sulaymán. El permiso de viaje que le había dado el sultán, apenas le llevó a ver de lejos el Atlas. Se dedicó, en cambio, mano a mano con el coronel Amorós, enlace de Godoy en Marruecos, a construir un alocado plan de conquista, exagerando y engrandeciendo cualquier atisbo de realidad, cuando no mintiendo directamente, y llenando la cabeza de Godoy de sueños de conquista en absoluto realizables.
• Al Coyote le da en el hocico que todo este fiasco del Plan de Conquista no era más que una argucia de ambos pájaros (según el Coyote, idea original del coronel Amorós), para sisar a Godoy unos reales, y desaparecer con el dinero. De hecho, eso mismo ocurrió, pero no con ellos sino, precisamente, con el criado que había sido encargado de llevar parte de los dineros – mil duros de la época – desapareció por el camino misteriosamente. Estaba claro, desde el principio, por la personalidad apocada y enfermiza de Badía, que no era el adecuado para tal labor. No era ni un cortesano, ni un intrigante. Sí, en cambio, soñador hasta el punto de la esquizofrenia (o bipolaridad, o como quieran llamarlo): no sólo engañó a Godoy, cabe que terminara engañándose a sí mismo y, de alguna manera, identificándose con aquella personalidad de Alí Bey. También es cierto que hay quien piensa que llegó a convertirse realmente en un musulmán convencido, ya plenamente Alí Bey; tampoco sería de extrañar. No sería el primer espía infiltrado con el que ocurre, en cualquier caso. Es curiosa la actitud de Godoy, poco realista, respecto a la posibilidad de una conquista a Marruecos; casi pareciera una manera de mirar a otro lado, teniendo en cuenta como andaba la situación para él (en aquella época había sido destituido de sus cargos, y actuaba aún en las altas esferas a la sombra del Secretario de Estado, don Pedro Ceballos, a la sazón su primo político). Lo mismo parece que hiciera, mirar para otro lado, con todo el asunto de Bayona, que dejó finalmente España a merced de las tropas napoleónicas.
Total, un mentiroso contando mentiras a un sordo que no quiere oír verdades.
• En una de las cartas enviadas a Godoy por mediación del coronel Amorós, Badía (en un alarde de fantasía total) se declara prácticamente uno de los pretendientes al trono, en caso de que Sulaymán muriese repentinamente. Sigue manteniendo que los jeques de las tribus desafectas al sultán comen de su mano. Hace encargo a Godoy de “dos mil fusiles; quatro mil bayonetas; mil pares de pistolas, y algunas cureñas de campaña de todos calibres con sus avantrenes...” (Carta a Godoy, 5 mayo 1804) Cuando éste lee tan buenas nuevas, envía disposiciones al comandante general de Andalucía, marqués de la Solana, para que prepare todos los efectivos solicitados por el Viajero, además de numerosos artilleros y especialistas. Posiblemente, este comandante, aunque le siguió la corriente a Godoy, no pudo más que imaginar el desvarío de aquella empresa... ¿Por dónde se haría la entrega? ¿En Ceuta? ¿En la isla Perejil? ¿En Chafarinas? De manera que tanto él como el comandante del Campo de Gibraltar, se dedican a realizar las disposiciones de Godoy, con una lentitud extrema, a ver si mientras tanto se arrepentía.
• A última hora, sin embargo, enterado Su Majestad Carlos Cuarto, decidió poner fin a la empresa, pues parecía al monarca actitud traicionera y para nada propia de caballeros aquel soterrado plan de conquista (bastante parecía ignorar el rey que en cuestiones políticas poco brillan la caballerosidad y la honradez; Godoy, ése era harina de otro costal) Aquello debió traer gran alivio a Alí Bey, que ahora tendría la excusa perfecta para no continuar con un plan que no se sostenía por ningún lado.

Advertencia: El siguiente parágrafo es, incluso, más subjetivo que cualquier otro. Crea lo que quiera, a su propio riesgo:

• Como adelantamos en la anterior entrega, la intención oculta de Badía, al emprender su viaje por Marruecos no era otra que hallar los restos de la perdida Atlántida. Y cuando lo dijimos, no era ningún farol. El mismo Alí Bey, en su libro de viajes por Marruecos, en el capítulo 19, se explaya en torno a la cuestión; de hecho, el capítulo es titulado “De la antigua isla Atlántida. – De la existencia de un mar Mediterráneo en el centro de África” La teoría de Badía era la siguiente: según él, hace millones de años, todo el desierto del Sahara era un inmenso mar, y que el archipiélago de la Atlántida estaba formado por la cordillera de los montes Atlas. De la posibilidad de la existencia de un mar interior en el centro del Sahara, Badía lo suponía similar al mar Negro, e incluso afirmó reconocer en algunas formaciones rocosas de lo poco que visitó el desierto como producto de volcanes submarinos, así como explicó el motivo por el que la arena de este desierto es la más fina del mundo. El tipo incluso llega a imaginar que en el interior del desierto aún quizá pudieran encontrarse restos de animales marinos: alucinante visión, la del espinazo de un cachalote en medio del desierto. También trata de explicar los movimientos dunares como el empuje de las mismas olas al llegar a la orilla (de este hipotético mar) – cosa que, según lumbreras de la ciencia, no es así en absoluto. La explicación de los movimientos de las dunas es muy otra, que no desarrollaremos porque no nos interesa.
En cuanto al tema de la desaparecida Atlántida, Badía sigue muy de cerca el escrito del primero que la mencionó: no fue otro que Platón, el filósofo griego que estaba en contra de los mitos, aunque luego él mismo los utilizase como recurso literario. Según declara, sus fuentes son de segunda mano, del gran sabio Solón, al cual le había transmitido dicho conocimiento un anciano sacerdote egipcio de Sais. Platón, principalmente, desarrolla el mito de la Atlántida en sus diálogos Timeo, Critias y República, pero es de suponer que lo hace con alguna finalidad moralizante. Dado que la distancia temporal de Egipto respecto a la Grecia clásica es casi la misma que nos distancia en la actualidad de la misma Grecia, los helenos debían tener en alta estima la sabiduría ancestral de los egipcios (bien es sabido que para sus conjuros y hechizos, los brujos griegos, aunque no sólo ellos, poco después también los latinos, echaban mano de frases de los rezos egipcios, así como numerosos nombres de sus dioses a modo de invocación, todo ello con una sonoridad más bien exótica). Platón, al poner en boca del sacerdote de Sais el conocimiento de la hundida Atlántida, quizá tan sólo tuvo la pretensión de dar a su mito algo de autoridad y reconocimiento. Andando los siglos, según parece, el lingüista, médico y bibliófilo doctor Arias Montano (siglo XVI) se interesó por aquella historia consignada por Platón, y aunque desde entonces muchas teorías – la mayoría absurdas – se han propuesto para interpretar de forma “realista” el mito de la Atlántida, él mismo se acercó bastante a la teoría de Badía, señalando que quizá la Atlántida ocupase un trozo de tierra (¿un istmo, quizá?) que posteriormente se hundió, en lo que hoy es la zona de Gibraltar, es decir que la Atlántida unía de alguna manera Europa y África. La denominación de Atlas a aquella cordillera proviene del mito de los trabajos de Hércules, en concreto el posterior a su robo de ganado del ibérico rey Gerión, donde el héroe debe conseguir las manzanas del Jardín de las Hespérides; pero primero, aparte de fundar Sevilla, según dicen aquellos que pretenden dar un origen digno a una ciudad que surgió de un poblacho de cabañas de palo construido sobre un pestífero lago, Hércules se dedica a separar las columnas de su nombre. La separación de Andalucía respecto a Marruecos es interpretada por Arias Montano como el relato del hundimiento del istmo conocido como Atlántida. Aunque, claro, eso ni siquiera casa con el mito original de Platón. Para hacerse con las manzanas de oro, que proporcionan la inmortalidad según numerosas leyendas y mitos, Hércules debe congraciarse con el titán Atlas, padre de las ninfas que guardan el jardín que recibe su nombre, las Hespérides. Sin embargo, el titán engaña al héroe, y al final deben enfrentarse. Algún alucinado escritor (o quizá no tan alucinado, y más vende-historias estafador, de la misma cuerda que muchos otros profesionales del periodismo sección “misterios”) ha afirmado que la lucha entre el titán y el semidiós olímpico es el recuerdo de una guerra primordial resultado de la cual fue el hundimiento de la Atlántida. Algunas de estas disquisiciones han llevado a algunos a suponer Tartessos los restos de una colonia atlante. De manera parecida, se ha especulado que las Islas Afortunadas, esto es, las Canarias, fueron también los últimos restos de tan esquiva civilización (eso sin contar Madeira, Thera, Creta y algunas más que tienen el dudoso honor de ser consideradas partes supervivientes de una civilización de la que no se conoce ni prueba de su existencia).
• Como decimos, sin embargo, Alí Bey sólo pudo ver de lejos los montes Atlas, y sólo su prolongación norteña. De modo que poco pudo confirmar sus teorías sobre la Atlántida.
• Pero no sólo apenas pisó arenas del desierto, sino que cuando hubo ocasión de hacerlo, estuvo a punto de morir en él por una torpeza. Pero no adelantemos acontecimientos; en 1805, cuando apenas lleva dos años en Marruecos el sultán Sulaymán hace llegar a Alí Bey una misiva en la que lo exhorta a continuar esa peregrinación que decía pretendía llevar a cabo. Sobre todo, el sultán menciona el peligro en que se ponía manteniéndose en el país, puesto que sus actos y palabras referidas a la astronomía, eran entendidos por los lugareños como de astrologías y nigromancias varias, que tenían “por heregia, o infidelidad digna de muerte. Cierra tu boca”, continúa en la carta “, y cierra la puerta de tu casa, pues no sabes lo que son las gentes del Garbi (Magreb) ni la sangre que puede resultar de las palabras.” Después le aconsejaba sobre la ruta que había de realizar para salir de Marruecos: lo envía a Tánger, donde puede tomar algún barco que lo lleve hasta Túnez o Alejandría, donde continuar su peregrinación a la Meka. Aún así, uno de los hijos del sultán, el príncipe Mawlay abd-as-Salam, le entrega cartas de recomendación para otros líderes del mundo islámico. Pero esta marcha aún fue demorada un tiempo, primero una rebelión en Orán hizo impracticables los caminos, aún más con la reducida escolta que le acompañaba. En Uxda, donde se había quedado obligado por las circunstancias, parece que intentó contratar los servicios de la tribu de los Banu Abi Hamdin (esto sobre todo, para alejarse cuanto antes del enrarecido ambiente de la corte del sultán, donde poco faltaría para que fuese reconocido como farsante); sin embargo, a poco de salir de Uxda, son retenidos por las tropas enviadas por el sultán, bajo la orden de no permitirle partir mientras no estuviesen los caminos seguros. Así, sólo después de hacer enviar un mensaje de queja al sultán (o al príncipe, según quien cuente la historia), le es permitido continuar su marcha, pero finalmente a Tánger. Amablemente, le sacaban del país.
• A 3 de agosto de ese mismo año (1805), Alí Bey parte junto con una comitiva de dos oficiales y una treintena de udaias o guardias del sultán, hasta que llegados al borde del desierto dejan a Alí Bey junto con una guardia de árabes. Según narra en sus Viajes por Marruecos, una trifulca entre los soldados a última hora, les llevó a olvidarse de rellenar los odres de agua. Sometidos a jornadas de caminata sin descanso, de luna a luna, y con la amenaza de las revueltas por todos lados, sufrieron y padecieron los rigores del desierto, quedándose sin agua al poco tiempo. Las bestias de carga y los hombres caían por igual, extenuados y deshidratados, dejándolos atrás sabedores de que cualquier retraso sería el final de la caravana al completo. Pierde todo el valioso instrumental adquirido en París y Londres tres años antes. El mismo Alí Bey cae rendido sin conocimiento, perdida ya toda esperanza de salvación. Tiene, sin embargo, la extraña suerte de ser salvado por una gran caravana de “más de dos mil hombres” que avanzaba hacia ellos: a punto de morir, Alí Bey sólo estuvo desmayado apenas media hora. Según parece, su salvador fue un célebre santo y místico de la época, llamado por Bey Sidi Alarbi, conocido entre los suyos como Abu ´Abd-il-lah-Sayyidi Muhammad ´al-´Arabi ibn Ahmad ad-Darqawi, uno de cuyos discípulos inició precisamente la revuelta del Oranesado antedicha, y que amenazaba el buen fin del viaje de Alí Bey. A poco de esto, y con el Viajero ya recuperado, se le obliga a tomar barco en Larache, dejando en tierra a todo su séquito (y a su esposa, porque, sí, se casó de nuevo en Marruecos, debido a que un hombre de su edad y soltero era visto cosa rara según parece; de manera que a todas sus cualidades debemos sumar la de bígamo, o quizá trígamo, puesto que también llevaba con él una esclava negra... qué gañán)

Apuntes finales

• Alí Bey, antes conocido como Domingo Badía, pasó algo más de dos años en Marruecos. Al poco de llegar, la cosa pública se había torcido de tal manera que poco después, España pasaría de los Borbones a los Bonaparte (una temporadita al menos), un reino había cambiado de dueño. Cuando regresó a su país, es de suponer la orfandad que sentiría Badía por su proyecto, ahora que el poder había pasado de manos. Badía tuvo una nueva entrevista con don Carlos, ahora en el exilio; éste le aconsejó que se dirigiera al emperador Napoleón, pues él ya no tenía nada que ofrecerle. Aún mantuvo su entrevista con el corso, y éste le remitió a su hermano José, en aquel momento monarca de España. De todo lo que se habló en la entrevista, poco se sabe con certeza; no es de extrañar que la conversación llevase por derroteros bien ocultos, debido a la fascinación que el propio Napoleón sentía por África, y en concreto por Egipto. Seguramente no hablaron sobre nada de eso, pero tendría sentido (al menos en términos narrativos). Después de algunos años, en los que se muestra como un afrancesado colaboracionista, y pasa algunos años intentando conseguir una pensión en París (?), termina volviendo a ponerse la piel de Alí Bey para el que fue su último viaje.
• El coronel Amorós, enlace de Godoy en Marruecos, desahuciado éste, se hizo con todos los documentos del Plan de Conquista, incluidas cartas bien comprometedoras, e intentó venderlas al gobierno francés, por una fuerte suma. En cambio, Amorós fue prendido y encarcelado. Su memoria se pierde en el pasado.
• Godoy, finalmente, fue destituido con motivo del motín de Aranjuez y la consiguiente traición de Bayona; fue despojado de sus bienes y títulos, y terminó su vida como exiliado en París, donde escribió las Memorias citadas en anteriores entregas, y poco después publicadas, donde desvela toda la trama del asunto de Alí Bey y demás. Aquello fue un golpe bajo para Badía, que hacía poco que había podido publicar sus Viajes por Marruecos, y los había firmado bajo el seudónimo de Alí Bey, pretendiendo hacerlo pasar por un personaje real y aquello echaba por tierra tal pretensión.
• Badía volvió a vestirse una última vez de Alí Bey, esta vez según parece, bajo los designios de Francia; en los caminos entre Turquía y Tierra Santa perdió la vida, creyendo todos que fallecía el sabio Alí Bey, fiel musulmán, que cumplió el hajj (peregrinación a la Meka), al menos una vez en su vida. Injerencias posteriores afirman, sin embargo, que a su muerte aún llevaba un crucifijo al cuello. Unos afirman que fue la disentería la que acabó con él; otros afirman que fue envenenado por miembros del servicio secreto británico, en pugna por aumentar la influencia en países colonizables por los prepotentes imperios victorianos que iban surgiendo por Europa.

Epílogo

Muchas cosas se han quedado en el tintero. Como puede verse por su final, con su viaje a Marruecos Domingo Badía/Alí Bey no agotó su cupo vital de aventuras. Igualmente, por brevedad, no hemos podido, como hubiéramos querido, sincronizar los hechos de su vida con acontecimientos históricos relevantes y que, de alguna manera, influenciaron en él y su circunstancia, directa o indirectamente.
El viejo Coyote me obliga a apostillar que, sobre el secreto de la hundida Atlántida, lo que no saben todos aquellos que buscan su realidad por medio de restos arqueológicos, o explican su hundimiento por rebuscados fenómenos geofísicos, es que la Atlántida nunca ha existido físicamente en este plano material. Aquella, como muchas otras civilizaciones perdidas, co-existe con nuestro plano de existencia y sólo se encuentra unida a él por unos nexos muy débiles y difusos. Si acaso, el mito del hundimiento de la Atlántida simboliza algo es el hundimiento de su recuerdo en nuestro propio subconsciente.
Cuando preguntamos al viejo Coyote a qué se refiere, se pierde detrás de una espesa cortina de humo, divagando de forma inconexa sobre no sé qué de que los planos paralelos y mundos-parásito como la Atlántida, y que Alí Bey sabía mucho más sobre aquello de lo que había contado.
VALE

martes, 29 de enero de 2008

Algunos fragmentos de historias sincrónicas (y conclusión)

Aunque pospuesto (no intencionadamente, eh?), aquí presentamos la conclusión de algunos fragmentos de ciertas historias sincrónicas, que tienen por eje común la influencia que “el Atlante” tuvo para ciertas mentalidades dispuestas a creer en cualquier cosa. Lo cierto es que su historia aún no ha terminado, pero en lo que a nosotros respecta, dejaremos que la memoria de Qarnis Qum sea eso, no más que memoria. Algunos de los miembros del equipo de El Blues del Coyote habían empezado a manifestar extraños sueños, de voces que les hablan en idiomas muertos y olvidados, a océanos de tiempo de distancia. En fin, también tenemos que reconocer que presentar, con un sentido lógico y lineal, la enmarañada red de intereses, agentes dobles y conjuras que constituyó el aparato de espionaje/inteligencia que cubría desde Tokio hasta Washington, pasando por todas las capitales europeas durante la pre-guerra y buena parte de la Segunda Guerra Mundial, no ha sido nada fácil, así que... Bueno, pues lo dicho, ahí va la última tanda y conclusión de la operación NIKE y, por ende, de la historia de “el Atlante”.

Del equipo de asesores de la OSS para la operación NIKE destacan los siguientes miembros:
  • El doctor Henry Jones Jr., afamado arqueólogo y profesor en el Marshall College de Connecticut, recomendado por el multimillonario Walter Donovan (cuando aún no se habían enemistado, claro). Según parece, el doctor Jones se ofreció para formar parte del equipo que llevaría a cabo la acción, pero los militares que estaban al cargo lo desestimaron.
  • El celebre ocultista inglés Aleister Crowley, propuesto por Maxwell Knigth, a la sazón jefe del servicio secreto británico, el MI5 (el famoso “M” de las novelas de Ian Fleming, del cual se dice que era amigo de ambos, Crowley y Knigth, y que de hecho fue quien le propuso a Knigth la participación del ocultista en este asunto). Con su acostumbrada autosuficiencia, el Coyote comenta que este Knigth, al parecer, era un pájaro de cuidado que había sido anteriormente miembro de las British Knight Fascisti, también conocida como British Fascist Ltd o BF. De esta misma agrupación ultraderechista salió el afamado lord Haw Haw, colaboracionista alemán convertido locutor de las emisoras alemanas para el resto de Europa.
  • El doctor Wingate Peaslee, profesor de Psicología de la Universidad de Miskatonic, Arkham (condado de Essex, Massachusetts), y especialista en lenguas muertas. Poco después de estos sucesos, le fue ofrecida la dirección de la enigmática Fundación Wilmarth. El doctor se pasó la mayor parte de las reuniones sacando facsímiles de papiros antiguos, y citando obras de títulos tan abstrusos como “Manuscritos Pnakóticos” o “Tablillas de G´harne”. Según parece fue el único en darse cuenta de la real amenaza que significaban las actividades de los nazis en la operación FENRIS, pero los descreídos militares enarcaban una ceja, expresión de sarcasmo sostenido, y trataban de ocuparse de asuntos estratégicos más “prácticos”. También parece que el doctor insistía con vehemencia en que los agentes enviados al temible castillo de Ascherslebensberg debían portar colgantes con el símbolo arcano, así como asegurarse de llevar una buena provisión de Elixir Tikkoum (que ya había demostrado su efecto en otras ocasiones). El doctor Peaslee encontró especial oposición ante Crowley, que como ocultista de rango superior pensaba ser quien tenía la última palabra en dichas cuestiones; éste se comportaba con bastante displicencia frente al doctor, al que pretendía ridiculizar enfrentándolo a su demagogia. En este caso, Crowley confiaba más en las informaciones que les proporcionaban sus contactos en logias alemanas, que tomar cualquier tipo de protección mágica. Sin embargo, desde el asunto Hess, en el que se dice que tomó buena parte, el servicio de inteligencia alemán había dispuesto que todas las informaciones que le llegasen al ocultista inglés desde campo enemigo fuesen todas bien falsas. Por no decir que es muy posible que aquellas supuestas revelaciones que Crowley recibió en su estancia en El Cairo, del Maestro Ra-Hoor-Khuit, no fuesen más que un intento de Qarnis Qum por contactar con alguien que pudiese sacarlo de su estado de letargo/muerte/sueño.
  • No está exenta de dudas la afirmación de que los nazis consiguiesen finalmente dar con el punto exacto de la tumba del hechicero supremo de Poseidonis, en las fuentes del Nilo. Hay datos bastante contradictorios al respecto; esto explicaría algunos movimientos estratégicos erráticos que realizaron las tropas alemanas en África, como si realmente estuviesen buscando algo (por más que no pudiesen ni acercarse a Sudán, que por entonces era protectorado británico). En cualquier caso, la operación aliada TORCH (08-11-1942), de desembarco masivo sorpresa contra todas las fuerzas de ocupación del Eje en África, terminó con cualquier posibilidad de dar con la tumba de Qarnis Qum, al menos en aquellos momentos. Esta operación comenzó sólo poco más de un mes antes del solsticio de invierno, con lo cual arruinó la esperanza del viejo Weisthor, astrólogo personal de Himmler y director de la operación FENRIS, que contaba con disponer de la carcasa momificada del mago, su reseco cadáver, para poder atar su cuerpo astral a él. Pensó el loco astrólogo que, de todas formas, podría invocar sólo su cuerpo etérico, y encerrarlo en algún tipo de círculo que había hecho grabar previamente en el empedrado del patio del castillo; pensó que era suficiente con realizar el ritual coincidiendo con el blôt del solsticio de invierno; pensó que con practicar algunos sacrificios humanos y salpicar con la sangre de las víctimas a todos los presentes, el espíritu del poderoso Qarnis Qum se haría presente y los tomaría a todos bajo su tutela espiritual, sin ninguna otra consecuencia. Habría que haber recordado, en todo caso, al viejo loco las palabras de advertencia que realizó en su momento Abdul al Hasr´d en su Qitab al Azif:
    “Sabias fueron las palabras de Ibn Schacab, quien declaró que no existe tumba más feliz que aquella que no alberga a un hechicero, tan dichosa como esa ciudad anochecida que ve a todos sus brujos reducidos a cenizas. Tiempo ha que corre el rumor de que el alma vendida al diablo no sólo rehúsa abandonar su recipiente de arcilla sino que ceba e instruye a los mismísimos gusanos que le devoran, hasta que de la corrupción brota un espantoso simulacro de vida, plagada de groseros carroñeros subterráneos. Se excavan en secreto hoyos inmensos donde debería bastar con los poros de la tierra y han aprendido a caminar seres que no deberían sino arrastrarse.”
    Según parece, los informes oficiales de la operación: NIKE debieron de perderse en algún momento del trasvase de competencias entre la OSS y la CIA, en los años cuarenta. No hay, pues, documentos oficiales que aclaren cuál terminó siendo el resultado de dicha operación. Es inequívoco que consiguieron frustrar de alguna manera los planes nazis, pero en qué forma es algo que no podemos imaginar.
    El doctor Peaslee, de la U. de Miskatonic, por sus propios intereses, llevó un diario de su participación en la operación, y años después, a principios de los sesenta, se entrevistó con el único miembro superviviente de la operación, el militar norteamericano, Obadiah Plisskin, el cual se encontraba internado en aquella época en la prestigiosa clínica Menninger (Topeka, Kansas). El veterano se encontraba aquejado de stress postraumático, y al parecer llevaba sin dormir a pierna suelta desde el 42, cosa harto inusual.
    Según nos desvela el doctor Peaslee en su diario, el soldado Plisskin había adelgazado hasta extremos insospechados, y era alimentado por suero, puesto que su organismo rechazaba cualquier tipo de sólido. Al parecer, el soldado se pasaba los días sedado, pues los ruidos fuertes (como la segadora de césped, o el motor del camión de reparto, por ejemplo) le provocaban reacciones violentas – un par de enfermeros de baja (uno de ellos permanente), y un psicólogo con la rótula definitivamente lisiada por culpa de un bolígrafo mal usado, eran el saldo que se había cobrado en el sanatorio, de momento. Su cuadro clínico, por ser breves, incluía una lista de fobias bastante completa (balistofobia, diplofobia, helmintofobia y kosmikofobia eran las más impresionantes de entre todas las que le aquejaban).
    Por tres ocasiones se entrevistó el doctor Peaslee con el soldado Plisskin: la primera fue totalmente infructuosa: parecía evidente que la desgastada psique del militar había bloqueado por completo la memoria de lo que aconteció la noche del solsticio de invierno del año 1942. Plisskin se limitaba a permanecer taciturno, con la mirada perdida, soñando despierto. De manera que el doctor solicitó al equipo de especialistas que trataba a Plisskin poder realizar al enfermo una sesión de hipnosis regresiva.

miércoles, 9 de enero de 2008

Algunos fragmentos de historias sincrónicas (tercera parte)

Pese a quien le pese, e ignorando las veladas amenazas que hemos recibido en diversos formatos para que no continuemos desvelando entresijos que hoy día son historia, pero que en su momento fueron presente vivo, seguimos con la cronología de "el Atlante".

  • 1933: al acceder al poder en Alemania el NSDAP (conocido vulgarmente como Partido Nazi) son disueltas numerosas organizaciones y sociedades secretas, entre ellas, la Thule Gesellshaft. Fuentes no precisas declaran que dos años más tarde la copia del “Liber Hyperboreas” es hallada y entregada al fondo de la Ahnenerbe, el Instituto para la Investigación de las Raíces Espirituales de la Herencia Ancestral Alemana (departamento bajo la supervisión directa del Reichführer de las SS, Heinrich Himmler, al que puso, entre otros proyectos, a la búsqueda del Santo Grial, y al final de la guerra se le encargó ocuparse de los detalles logísticos de la Solución Final).
  • 1936: después de dos años de estudios del texto, los especialistas supervivientes llegan a la conclusión de que la copia que posee la Ahnenerbe del “Liber Hyperboreas” está incompleta, y que de ahí provienen los resultados desastrosos de anteriores intentos de invocación del hechicero supremo de Poseidonis.
  • 1937: Heinrich Himmler pone en marcha el operativo FENRIS, otorgando el mando de éste a Karl María Willigut, su astrólogo personal, que responde al hermético seudónimo de “Weisthor”. La operación FENRIS tenía como objetivos reunir el máximo posible de copias del “Liber Hyperboreas”, así como la búsqueda y rastreo de las tablillas originales de donde salió el libro, y preparar en un lugar apartado en el centro inexpugnable de la Selva Negra la ceremonia completa de invocación del hechicero supremo, al cual suponían los nazis completa pureza racial y, por supuesto, conocimientos más allá de la cordura humana.
  • 1938: Como parte secundaria de la operación FENRIS, la Ahnenerbe organiza una expedición al Tíbet, dirigida por Ernst Schaeffer. Oficialmente, ésta tenía fines biológicos y antropológicos – al parecer, pretendían rastrear en el País de las Nieves los orígenes remotos de la raza aria. Pero Himmler, o su inspirador, Wheistor, tenían unas intenciones secretas, que sólo comunicaron al propio Schaeffer, en una entrevista secreta. Se especula con que se le dio orden de ponerse en contacto con la Jerarquía del Gobierno Secreto del mundo, sita en la subterránea Aggartha. Se desconoce el grado de éxito, lo que sí es cierto que volvió a Alemania en posesión del texto sagrado budista "Kangschur", en el que al parecer se encontraron pistas sobre el paradero del sepulcro de Qarnis Qum, en las fuentes del Nilo (antigua colonia de refugiados atlantes). También se afirma que Schaeffer se hizo con la piedra negra Cintamani, regalo del Rex Mundi del Aggartha, que los Bogd Khanes de Mongolia utilizaban para realizar profecías.
  • 1938-41: La espía aliada conocida con el nombre clave Rosa de Jericó, infiltrada entre los efectivos de la Ahnenerbe empieza a filtrar información al ejército Aliado sobre las difusas intenciones de Himmler y sus adláteres en torno a la operación FENRIS. Descubierta su tapadera en 1941, es enviada a un campo de prisioneros, y dos años después es ejecutada tras un sumarísimo juicio de guerra.
  • 1941: Tras el ataque sorpresa japonés a Pearl Harbour, los USA entran en la guerra.
  • 1942: Es fundada la OSS, u Office of Strategic Services, bajo la advocación de Franklin D Rossevelt. Como tareas tenían recoger y analizar la información estratégica requerida por los jefes y conducir las operaciones especiales no asignadas a otras agencias. Los servicios secretos aliados ponen notas en común, resultando la mayoría de operaciones secretas puestas en marcha de un éxito considerable. Entre otras, se pone en marcha la operación NIKE (la diosa de la victoria griega, nada que ver con la marca de zapatillas). La operación NIKE tenía como objetivo principal, impedir la consecución de la operación alemana FENRIS. Como parte de la operación NIKE se organiza un comando formado por miembros de élite de varios ejércitos aliados:

    • Sargento Obadiah Plisskin, de la 101ª División Aerotransportada del ejército americano, especialista en artillería.

    • Teniente James Holmes, de la naciente Special Air Services (SAS) del ejército británico, como oficial jefe de la operación.

    • Soldado Yuri Ivanovich Nikolaievsk, reputado francotirador del Ejército Rojo, y héroe de Stalingrado.

    • Thierry Le Voy, de la resistencia francesa; conocido actor transformista, infiltrado como enlace en el terrible castillo de Ascherslebensberg, en el centro inexpugnable de la Selva Negra. Bajo la personalidad del asistente del Hauptman (capitán) de la SchutzStaffel, encargado de la seguridad del castillo.
Los tres primeros serían lanzados en paracaídas en las inmediaciones del castillo, junto con un equipo mínimo indispensable, que por supuesto incluía unas píldoras de cianuro, para ingerir si eran descubiertos. Le Voy sería avisado para darles paso al castillo por un acceso secreto, el único no custodiado por la guardia del castillo. Weisthor tenía calculada la noche propicia para realizar la invocación, en función de un calendario germánico sagrado que él mismo había diseñado, que coincidía con el solsticio de invierno, momento en que, según afirmaba en sus delirios, las barreras entre los mundos eran más ténues.
Hasta aquí la tercera parte; la conclusión, en la próxima entrega...

lunes, 24 de diciembre de 2007

Algunos fragmentos de historias sincrónicas

Parece que el viejo Coyote ha reaparecido. Afirma que no recuerda muy bien todo lo que le ha pasado durante el tiempo que se mantuvo desaparecido; en cualquier caso ha venido contando una extraña historia de una fiesta trance en el campo, una fuente o manantial con su propio espíritu protector, una mora encantada, y no sé qué sobre un Trip Real. De momento, no hemos podido entresacar nada más sobre ese tema, insistiremos en ello.
Aún así, aquí publicamos la primera parte de los prometidos fragmentos sobre asuntos relacionados con ese misterioso "Atlante" con que nos vino el Coyote. Todavía quedan algunos asuntos por resolver, cuestiones por iluminar, que ofreceremos en la segunda parte. Aún así, este es sólo un boceto, que mejoraremos concretando fechas, nombres y lugares.


  • Hace cientos de miles de años: el imperio de la Atlántida (otros dicen Aquelonia) se hunde. Provocado por crisis internas, la instigación de tribus bárbaras desde el exterior y la manipulación irresponsable de terribles fuentes de energía (por parte de la elite gobernante, una casta de sacerdotes-astrólogos), el continente donde se encuentra Poseidonis, la capital de la Atlántida, y el grueso del imperio se hunde bajo las aguas del océano. Qarnis Qum, hechicero supremo, se hace sepultar vivo, y momificado vivo es enterrado con tablillas que encierran terribles conocimientos.
  • Hace cientos de miles de años, pero algo después: grandes cataclismos asolan la tierra; los grandes saurios prosperan. Grandes zonas de tierra que se mantuvieron hundidas en simas abisales vuelven a salir a la luz.
  • Hace miles de años: durante el imperio bajo, en el reino de Khêm, los sacerdotes nubios de la casa de la muerte despiertan de su letargo a Qarnis Qum. Éste crea una base de poder situada en las fuentes del Nilo, donde es derrotado y devuelto a su sueño eterno por un guerrero egipcio de nombre ignorado.
  • Aprox. ss. VIII-IX: durante los años de expansión del Islam, los saqueadores de tumbas hallan un acceso al sepulcro de Qarnis Qum, despojándola de la mayoría de los enseres allí reunidos, entre ellos las misteriosas tabillas donde se encierran terribles conocimientos. Por suerte, no consiguen quitar la pesada losa que da al lugar donde se encuentra el hechicero supremo. Terribles maldiciones van terminando con aquellos que asaltaron la tumba, o bien con los dueños de objetos sacados de allí.
  • Siglo XIII (mediados): el sultán de Damasco, por medio de sus emisarios, regala al rey de Castilla, Alfonso X, unas tablillas grabadas en un alfabeto desconocido, pensando que con ellas le enviaba una maldición pagana al perro monarca infiel. El rey las hace enviar a la Escuela de Traductores de Toledo; durante el proceso de traducción se suceden extraños fenómenos y siniestros accidentes. El trabajo se queda a medias, puesto que sabios de las tres religiones del Libro sostienen con un terror numinoso que las tablillas son un compendio de locuras, blasfemias y maldades.
  • Siglo XIV: Un maestro cabalista judío, huyendo de la persecución, escapa a la Provenza (o a Lyon), llevando entre sus pertenencias las tablillas, sin saber muy bien si destruirlas por el bien de la humanidad, o sólo mantenerlas ocultas y custodiadas.
  • Siglo XVI: La que se creía única copia intacta de la traducción de la Escuela de Toledo de parte de los contenidos de las tablillas es quemada en la hoguera por orden del Santo Oficio, junto con muchos otros tratados satánicos, heréticos y blasfemos. Durante esos mismos años, las tablillas caen por un azar del destino en manos de un sabio alquimista y astrólogo francés[1], de oscura reputación, el cual se propone redactar una traducción completa de aquellas. Este mago cayó fulminado, aparentemente por un ataque de apoplejía, tan sólo unos instantes después de dar el punto final a su tratado, titulado “Liber Hyperboreas”.
  • Algunos años después: El manuscrito original del “Liber Hyperboreas” es enviado a Van Böecke, un impresor de Ámsterdam, no sin antes pasar por las manos del filósofo Baruch de Spinoza; éste, al devolvérselo al impresor, le aconseja fervientemente que lo haga destruir, y no lo de a luz pública. Desoyendo las advertencias, lo lleva a imprenta, con infaustas consecuencias; su taller salió ardiendo una noche, y los rumores afirmaron que en el centro del incendio se encontraba uno de los aprendices, con el manuscrito original agarrado fuertemente, para asegurarse de que era destruido. Sin embargo, ya se habían realizado un par de copias de prueba, incompletas ambas, que aparentemente desaparecieron.
  • Siglo XVIII: Nos encontramos con que una de las versiones del Liber Hyperboreas se encuentra en manos de Swedenborg, padre del espiritismo moderno. En esa época, muy pocos hombres sabían de la existencia de este libro; todos ellos eran iniciados de alto grado en alguna importante logia masónica. Según cuentan, a él se lo cedió la Pompadour, la intrigante amante de Luis XV, acusada no pocas veces de brujería. En este siglo cambia de dueño en varias ocasiones, se dice que en algún momento lo poseyeron Jacques Cazotte, el conde Jan Potocki y el obispo Talleyrand, compañeros francmasones todos ellos.
  • El 19 de mayo de 1798, con una flota compuesta por trescientos veintiocho barcos, llevando a bordo un ejército de 38.000 hombres, al mando de Napoleón, ponen rumbo a Egipto; les acompaña el dibujante Vivant Denon, el cual les seguirá por tierra de faraones durante toda la campaña contra los mamelucos de Murad Bey. En el transcurso, tomará los primeros bocetos y apuntes de los restos de la época faraónica, de las tumbas de los reyes, de los desconocidos jeroglíficos que se encuentran grabados en el interior de ellas. Algunas muestras de los hieroglifos que cuentan la historia de la caída de la Atlántida y la sepultura de Qarnis Qum aparecerán en su Voyage dans la Hautte et Basse Egypte (v. III, p. 124 y ss), aunque su contenido permanecerá desconocido – pues si bien se ha confirmado que está redactado en escritura “hierática”, hasta hace relativamente poco tiempo resultaba incomprensible el idioma en que había sido escrito.
  • A mediados del siglo XIX, una médium norteamericana bajo el patronazgo de un miembro de la Sociedad de la Golden Dawn durante varias sesiones canaliza la conciencia de un archivero de Poseidonis, que le proporciona las claves de interpretación de los jeroglíficos de la tumba de Qarnis Qum. Curiosamente, son muy parecidas al método de invocación angélica del Dr. Dee, las conocidas como Claves Enochianas. Durante años fue considerado un fraude, hasta que en una librería de viejo de Toledo reaparece una copia muy deteriorada de la versión de la Escuela de Traductores de Toledo, donde aparecen inquietantes coincidencias. Este libro fue adquirido por el famoso librero Voynich, aunque posteriormente lo vendió al Vaticano, el cual lo conserva hasta el catálogo realizado en 1947, año en que ya no aparece entre sus existencias.
  • En 1923, la OTO, Ordo Templi Orientis, por parte de uno de sus miembros, hace alarde de poseer en la biblioteca de la sociedad, de al menos una de las dos versiones del Liber Hyperboreas del impresor holandés van Böecke, en la correspondencia de la revista Études Mythologiques. La célula de Berlín de esta sociedad intenta durante varias sesiones invocar el espíritu de tan poderoso mago, al cual no dudan en calificar como uno de los Superiores Desconocidos que forman parte del gobierno secreto del mundo; se desconoce el grado de éxito de estas invocaciones.

Hasta aquí la primera parte.


[1] Algunos sospechan que éste no fue otro que Gaspaard du Nord, célebre por haber llevado a cabo la traducción del también infame Liber Ivonis, aunque los datos biográficos que se tienen de él no coinciden del todo.