domingo, 13 de noviembre de 2016
Una travesía por tierras del Sur
viernes, 29 de agosto de 2014
Citas Inexactas (III): Citando a RAW
lunes, 25 de marzo de 2013
Citas Inexactas (II)
martes, 19 de marzo de 2013
Qarnis Qum: un epílogo (segundo)
"The blood-dimmed tide is loosed, and everywhereThe ceremony of innocence is drowned"
The Second Coming, W. B. Yeats
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| Reproducción de un fragmento de bajorrelieve, hallado en unas excavaciones submarinas entre las Hébridas e Islandia |
Continuación de los extractos de documentos clasificados de alto secreto por el Estado Mayor alemán, entre los años 1933 y 1945, o como se indica al principio de cada documento Komandosache, Hoechst Vertraulich (Asunto Oficial Secreto):
b) Notas sobre la vida militar del Obergruppenführer Otto Gross:
Alistado al cuerpo de élite de las SS, emprende su carrera como miembro de uno de los comandos blitzkrieg; posteriormente, y trasladado a Estonia, pasa a formar parte de los Einsatzgruppen; de ahí pasa al frente ruso, donde actúa como mano ejecutora del politik comissar, conociéndoselo por su extremada crueldad. Al poco, Heydrich, "el carnicero de Praga", como representante del Führer en Checoslovaquia (Protector del Reich de Bohemia y Moravia), lo hace llamar, para que se encargue de la endiablada resistencia checa. Pese a su eficacia, fue solicitada su vuelta a Alemania, de modo que no pudo evitar el atentado que terminó con la vida de Heydrich. En su país de origen, Gross fue puesto inmediatamente bajo las órdenes del sucesor de Heydrich en la Gestapo, Ernst Kaltenbrunner, quien le encargó numerosos asesinatos encubiertos de enemigos políticos y otros, en las operaciones conocidas como Nacht und Nebel (noche y niebla). Su eficacia llevó a Heinrich Himmler a fijarse en él, de modo que lo terminó convirtiendo en uno de sus protegidos.
Una vez tomadas las execrables medidas que darían lugar a la Solución Final para el asunto judío, Gross fue encomendado al campo de concentración de Sachsenhausen; desde entonces, sus atrocidades aumentan sin aparente freno. Pese a ostentar un cargo elevado en aquel campo, en numerosas ocasiones, en lugar de hacer que subalternos llevasen a cabo las labores de matanza, él mismo se ocupaba en persona y con la minuciosidad de un cirujano. Se sabe que tuvo algún tipo de participación en la operación Bernhard (o Krüger), organizada desde este campo.
Es en Sachsenhausen, en cargo de supervisor, donde, casi por casualidad, entre las pertenencias de un anciano judío alemán socialista, encuentra las milenarias tablillas del mausoleo de Qarnis Qum. Previendo el valor de éstas, y conociendo de antemano el interés casi maniático de Himmler por las reliquias ocultistas, se encarga personalmente de interrogar a este anciano judío, que había sido maestro de escuela y erudito en lenguas muertas. Como consecuencia de aquellos "interrogatorios", el pobre hombre resultó muerto.
Así pues, una vez llevadas las reliquias atlanteas a Berlín, Himmler decide poner a Gross al mando de la operación FENRIS, que se encontraba en punto muerto desde que los especialistas de la Ahnenerbe llegaron a la conclusión de que las copias del "Liber Hyperboreas" eran incompletas, y resultaba altamente inseguro volver a utilizar el ritual de invocación allí expuesto sin poseer toda la información. Gracias a este servicio, le fue otorgado personalmente por Himmler el anillo de calavera de las SS, conocido como Totenkopfring (diseñado por el astrólogo personal del Reichsführer, Weisthor).
Inmediatamente, para acelerar los resultados de la Operación FENRIS, se le concede el puesto de director ejecutivo - pues el cargo nominal aún lo ostentaba Weisthor, pese a que su avanzada edad le impedía hacerse cargo de todo aquello. Aquí es donde Otto Gross entra en contacto con el principal especialista en lenguas muertas de la Ahnenerbe, el ya mencionado Walter Schlesienberg.
Para entonces, Walter ya estaba comenzando a obsesionarse con el contenido del Liber Hyperboreas; en su diario relata los extraños sueños que empezó a tener, a partir de la entrega de las tablillas originales y su exitosa traducción de éstas; se entiende que, conforme profundizaba en su labor de intérprete, su interés inicial, que no pasaba de meramente académico, fue metamorfoseando en insana monomanía. Tal es el punto que, su diario de trabajo, desde un principio metódico y organizado, en sus últimas páginas, no es más que un muestrario de fragmentos dispersos, incoherencias y retazos ininteligibles, y que dan buena cuenta de su estado mental, durante los meses y semanas previas a su suicidio.
De la detallada investigación que el doctor en psicología Wingate Peaslee y profesor de la Universidad de Miskatonic que llevó a cabo de todo este asunto, allá por los sesenta , podemos entresacar algunos extractos del diario de Schlesienberg, situado en aquella época en los archivos de la oficina central de la CIA (proveniente de los archivos de la extinta OSS), en Langley, Virginia - ya de por si incoherentes, sin necesidad de que los extensos párrafos clasificados bajo el lema de Alto Secreto y convenientemente tachados lo vuelvan todo aún más confuso:
"Voy a montar el helado" "He hablado con Dios, y nos ha abandonado" "Por favor, repriman a los amigos del Chino y al Comandante de Hitler" "La Tierra entera arderá en un holocausto de éxtasis y libertad" "Han bajado de las estrellas a través del ocaso" "Él... Ella... dice que es Caos; está vivo (o viva), y nos dice que somos libres" "¡Ah! ¡esta luz... esta luz! ¡Me quema los ojos!" "El hombre no percibe las cosas del espíritu, porque para él son locura" "¡Ya nada será como antes!... Hemos descubierto el significado de las palabras, de los gestos, de los rostros..." "Empezaste la historia sin saber el final. La narración no está completa. El título solamente no vale." "Sí, estoy controlado, no hay duda." "Los cuerpos sólidos sin ventanas y de cinco dimensiones." "La primigenia gelatina blanca." "El terror remueve mis cuencas vacías." "Seres sin cabeza cantarán sobre mi tumba una canción incomprensible. Y se repartirán los huesos de mi alma." "Atraviesa las paredes del Templo de Cristal". "¿Será tu alma buen alimento para los perros?"
jueves, 7 de febrero de 2013
Citas Inexactas (I)
En t´engageant entraînerasL´humanité totalement...Sans repite te creérasPar tes actes seulement
miércoles, 26 de diciembre de 2012
... que no está muerto lo que yace eternamente...
- Los Sumerios, esos simpáticos desconocidos; esta es, con diferencia, la entrada del blog que más visitas ha recibido a lo largo de estos cinco años. Si no nos falla la memoria, no era más que un intento de homenaje a la proto-civilización mesopotámica, escueta de datos, y con una conclusión un poco subjetiva (que para eso estamos); por no mencionar que en gran parte no es más que una comparativa de esta cultura con otras contemporáneas suyas, dejando por cierto al resto a la altura del betún. Para un futuro posible tenemos pendiente una entrada más extensa sobre la temática sumeria, con menos digresiones, a ser posible, porque sospechamos que no pocos de los que llegaron a nuestro humilde blog lo hicieron con la insana intención de encontrar testimonios de los contactos de la cultura sumeria con seres de otros mundos (extra-terrestres, extra-dimensionales o extra-temporales, escojan uds.), ya se sabe, que si los Annunaki y la estrella Orión, que si los ziggurats eran máquinas de viajes en el tiempo, y otras especies... Cosa que demuestra que los buscadores de quimeras ya no precisan evidencias del mundo extramental para justificar sus desvaríos, les resulta suficiente con encontrar cualquier información diseminada por la Red. Afortunadamente, y como suele decir el Coyote: "siempre nos quedará la reducción al absurdo".
- Notas Dispersas sobre la Tierra Austral (partes I, II y III); una cronología inexacta de los acontecimientos ficticios y reales acaecidos en la Antártida, tierra inhóspita y misteriosa donde las haya - de nuevo, el hecho de recibir tal cantidad de visitas viene dado por la (feliz) idea de calificar a los Elder Things del bueno de Lovecraft de Providence (Rhode Island) con el nombre de Annunaki o Anakim, que indujo a error a más de un buscador de desvaríos...
- Personajes históricos fascinantes: Domingo Badía, aka Alí Bey (partes I, II y III); de nuevo, una somera e incompleta cronología, esta vez de cierto personaje histórico real de vida más bien folletinesca y cuyos actos y escritos han conseguido que acceda al parnaso de la ficción, cosa que ha ocurrido en otras ocasiones y con otras personalidades históricas. En este caso, las palabras más usadas para llegar hasta aquí son "santuario de la kaaba", ya que la visita que Badía realizó pasa por el raro hito de ser la primera de hombre "blanco" (léase occidental) al centro islámico de peregrinación más importante.
- Bajo el monte de Venus (partes I al IV); sí, una de las más visitadas, pero no por su contenido, que es una larga digresión sobre las siempre cambiantes creencias y los cambios consiguientes en la visión del mundo que acontecieron con el abandono de la mentalidad mítica arcaica y la imposición, por un lado, del racionalismo. y por otro, del cristianismo, en nuestro decadente occidente. Como digo, una de las más visitadas, por la alusión a cierta zona de la fisionomía femenina - y aunque es cierto que estas entradas, aunque de soslayo, tratan ciertas cuestiones sobre el erotismo y su represión, no es menos cierto que a la gran mayoría de los que terminaron en el blog sin duda les defraudaría su contenido (de hecho, y según nos informa el Analytics de Google, los términos de búsqueda más usados en este caso no han sido otros que "monte de venus depilado", ahí es nada...)
- La Matanza de la Judería de Sevilla (1391), también en tres cómodas partes; relato, con cierto detalle, de los terribles sucesos ocurridos en la primavera del mencionado año en la capital hispalense. Matanza que , por cierto, no fue exclusiva de Sevilla, según parece.
viernes, 17 de agosto de 2012
La Insoportable Eternidad del Arquetipo
domingo, 8 de abril de 2012
Qarnis Qum: un epílogo
Abdul al Hasr´d, Qitab al Azif
Una necesaria introducción y una explicación innecesaria
Era algo que había quedado pendiente. Hace un par de años que se publicó toda la información que poseíamos, concerniente a los actos y sus consecuencias (sobre todo estas últimas) del así conocido como Qarnis Qum: el hechicero supremo de Poseidonis, la fabulosa capital del sumergido imperio atlante. Por el bien de nuestra escasa cordura, nos vimos en la necesidad de dar un punto final con cierta precipitación: la maligna influencia de este “warlock” se dejaba sentir incluso miles de años después de su sepultura, en algún punto indeterminado del actual Sudán; ominosos sueños y visiones, con voces de ultratumba acosaban nuestras noches, hablándonos en idiomas muertos y olvidados. Sin embargo, la historia de Qarnis Qum no es una historia lineal, además de ser una historia colectiva (en el sentido de que son muchas historias, aparentemente inconexas, que en algunas ocasiones han marchado sincronizadas), de manera que en cualquier momento podían surgir nuevos datos que ampliasen nuestra visión de todo aquello. Y, efectivamente, así ocurrió.
El Viejo Coyote nos apareció una mañana con un cartapacio de abultado contenido. Dejándolo caer en la mesa de la cafetería, nos retaba con gesto teatral. Como nos había contado de forma fragmentaria, entre continuas interrupciones, rodeos y cambios de tercio, hacía tiempo que el Coyote había conseguido el carné de la biblioteca de Babel, y con ello el acceso potencial a cualquier biblioteca del multiverso. Alguno de los presentes ya había aludido a la escasa fiabilidad de los libros sacados de allí: la mayoría sólo contenían palabras absurdas, frases inconexas, e incluso de un libro medianamente coherente, podía encontrarse allí otro refutando al primero. Recuerdo que el Coyote, apurando la colilla, aseguró de forma prepotente que en cuanto a información se tratase, poco importaba que esta fuese o no verdadera: lo importante siempre había sido el uso que se le diese.
De manera que, derrotados por su lógica, abrimos la carpeta y echamos un vistazo a su interior. Por supuesto, no eran libros, no habrían podido caber dentro de ella: la mayoría eran archivos, folios mecanografiados con membrete, informes oficiales escritos en jerga burocrática, páginas arrancadas de diarios personales, recortes de prensa y demás papeles; había incluso un par de microfilms. La mayoría estaban amarilleados, y tenían el aspecto de haber pasado más de dos décadas olvidados, entre anaqueles polvorientos. Hasta que el Coyote asomó su hocico por las estanterías.
Pero fue su contenido lo que más nos sorprendió. De manera que después de verificar algunos hechos, organizar y ordenar cronológicamente toda aquella información, damos a conocimiento público los últimos estertores de esa historia que empezó en los albores de la civilización, entre la blanquecina espuma de las inmensas olas que produjo el hundimiento de la Atlántida, una historia cuya agonía comenzó a finales del siglo pasado.
Como la cantidad de material reunido daría para unas cuantas entradas de este humilde blog, y no estamos por la labor de dedicarle mucha más atención a un tipo tan nefasto y peligroso como fue (¿o es?) Qarnis Qum, he aquí un resumen de su contenido, en orden más o menos cronológico. Deseamos que, con esto, se cierre por completo el círculo.
(Advertencia: algunos nombres y fechas han sido alterados, para evitar conclusiones desagradables)

- Fragmento de la así llamada “Corónica Menor del Regnado del Rey Alfonso X”, atribuida a fray Pero de Ainsa, que publicamos íntegramente, como curiosidad histórica:
"Capítulo XVI: De cómmo el rey rescibe el presente que el Sultán de los moros le havia embiado et de las distintas reacciones que avia susciptado
En los diez e ocho annos del regnado deste rey don Alfonso, que fue en la era de mill e trezientos et ocho annos et andaua la naçençia de Ihesu Christo en mil e dozientos e setenta annos, pues acaesçió que el rey don Alfonso fue rescibido de un presente que le auía embiado el Sultán de los Omeyas, del reino de Damasco1; et uenían a descir las embajadas deste rey moro que era éste presente de buena voluntad, mas resultó que eran unas tablas de piedra escriptas con símbolos desconoscidos en la cristiandad; et pensando el buen rei que eran escriptos moros concernientes a sabiduría astrológica, hízolos embiar al scriptorium de sabios que hauía fecho instalar en Toledo.
Et commo quier que los sabios se encontraron estupefactos, ante la escriptura ignota de las tablas del Sultán, se dedicaron a la tarea de traduçirlo con zelo e empeño; et otrosí viendo los terribles e blasfemos conoscimientos que desuelaban las piedras del Sultán, moros, judíos et cristianos por igual, soliçitaron merced al rei para detener la traducción, cosa que el prudente soberano ordenó facer, sorprendido de que, por una vez, sabios de las tres religiones estuviesen de acuerdo en algo; incluso los más fanáticos alcanzaron a aconsejar la destrucción inmediata de las tablas, por que non quedar rastro déllas en la faç de la tierra, pues no pocos habían temido, pues barruntaban que aquestas tablas estavan malditas, et que sólo trauían desgracias a sus poseedores.
Et otrosí cada uno de los sabios a quien se había encomendado la labor, habían tenido fatal destino como sigue; Frai Mauro Ferrán fue muerto fulminado, en el mismo scriptorium, apenas comenzó a vislumbrar el significado terrible de aquellos signos; et otrosí el sabio moro llamado Alarbí aseguró que, desde que se puso al trabajo de traduscir, Satán le enbiaba sueños de malévolas imágenes en todas las noches, et un día tomó unas hierbas en su poder, matándose acosado por infernales visiones; i el maestro Yehuda ben Rehab, saltó una noches por su ventana, guisado en alaridos de terror, et según aseguran los últimos que lo vieron con vida, huyendo de seres invisibles que sólo él podía ver.
Et otrosí, al poco de acaesçer aquestos sucesos, vieron que el maestro judío Isaak ben Moshe, quien havía participado en labor de traduscir el Libro Complido de los Judicios de las Estrellas, del moro Abenrajel, et havía asistido al anciano Yehuda ben Rehab en su intento de traduscir las tablas del Sultán, hauíase ydo, lleuándose consigo las tablas; como quiera que el rei don Alfonso no quiso fazer por perseguirlo, el presente del Sultán de Damasco se perdió con él; et no faltaron quienes corrieron la suerte de que aquello era mejor, si era cierto que aquellas tablas de piedra estaban encantadas, et que el rei moro sólo havía mandado el presente para fechar una maledicçión al buen rei cristiano. Tampoco faltaron commo los hubo, quienes dijeron que todo aquello sólo eran superstiçiones, et consejas.
Addendum:
Luego de escribir aquestas letras, sabido se ha que el tal maestro judío Isaak ben Moshe, hauiendo marchado con las tablas del rei moro, húbose instalado en algún condado de la Provença, et aunque otros discen que lo fue en la ciudad de Lyon; et aún supo este fraile de corto entendimiento que el tal maestro Isaak era conoscedor de esa práctica de adivinasçión heretical llamada por los judíos como Cábala, et que huvo de tommar por disçípulo a un tal Eleazar bar Jacub, a quien se disce húbole de legar las malfadadas tablas del rei moro."
Cabe anotar aquí un error de imprecisión por parte del cronista; en el año tratado, esto es, 1270, el poderío en el mundo musulmán había pasado consecutivamente de la familia Omeya, con sede en Damasco (quienes habían creado el Califato independiente de Córdoba en el año 939, disgregado finalmente en los llamados reinos taifas), a la familia Abasí, que desplazó la capital del imperio a la ciudad de Bagdad. Aún así, ésta había de caer por el embate de los pueblos mongoles más de cincuenta años antes del momento de las crónicas; y en aquellos momentos, Damasco pasaba por ser el bastión del Islam, frente a las fuerzas cristianas reunidas por la Cruzada, regida en aquellos momentos por Sultanes selyúcidas. Posiblemente habría que señalar en uno de éstos últimos como el "rei moro" de Damasco, a quien se refiere fray Pero, en su crónica, no sea otro que el célebre sultán mameluco Baibars, quien llegó a ver expandidas las fronteras de su imperio hasta el interior de tierras Nubias. No obstante llevar el título de Sultán de Damasco, se lo conoce principalmente por serlo de Egipto, con capital en El Cairo. Nótese que, al tener la capital en El Cairo, resulta mucho más creíble la vinculación con estas tablas que se citan.
- Los siguientes textos están formados principalmente por documentos clasificados de alto secreto por el Estado Mayor alemán, entre los años 1933 y 1945, o como se indica al principio de cada documento Komandosache, Hoechst Vertraulich (Asunto Oficial Secreto), entre los cuales destacan:
a) Fragmentos del diario personal de Walter Schlesienberg, dotado lingüista, especialista en lenguas muertas y miembro de la Ahnenerbe (Instituto para la Investigación de las Raíces Espirituales de la Herencia Ancestral Alemana). Según parece, sus cualidades naturales para los idiomas, y su conocimiento exhaustivo del egipcio arcaico, especialmente de la escritura llamada hierática, lo hicieron candidato perfecto para encargarse de la traducción parcial del “Liber Hyperboreas”.
Como se recordará, en aquellos años una copia de tan nefasto libro pasó a formar parte de las propiedades de la Ahnenerbe (puesto que el Partido Nazi había ordenado la disolución de numerosas sociedades secretas, entre ellas la Sociedad Thule, en cuyos fondos se hallaba anteriormente). Sin embargo, las primeras conclusiones a que llegaron los especialistas fueron que dicho libro estaba incompleto, y que resultaría imposible reconstruir una invocación completa de Qarnis Qum – pues otro no era el objetivo de aquellos locos peligrosos. No sólo la copia que obraba en su poder estaba incompleta, sino que además, el mismo “Liber Hyperboreas” no era más que una traducción parcial de las tablillas que habían sido extraídas de la perdida tumba de Qarnis Qum. De manera que se dieron cuenta de que se encontraban ante un callejón sin salida.
Y todo aquello habría quedado así de no ser porque, de alguna manera, los nazis consiguieron recuperar las tablillas originales de la tumba de Qarnis Qum. Aquellas que, según dice la leyenda, fueron enterradas con él, durante la víspera del hundimiento de la Atlántida; las mismas en las que, según dicen, el hechicero supremo de Poseidonis consignó toda su terrible sabiduría, e hizo sepultar con él en su letargo parecido a la muerte. Las mismas tablillas que, siglos después, serían robadas por unos ladrones de tumbas, y que el Sultán de Damasco regaló al rey castellano Alfonso X, dejándolas a su vez el rey en manos de sus sabios traductores de Toledo. Tablillas que, con intención de evitar que tales blasfemos conocimientos salieran a la luz, robó un maestro cabalista sefardí, que terminó instalándose en el sur de Francia. Y de alguna forma, estas tablillas pudieron ser vistas por un desconocido alquimista francés, que fue quien finalmente se dedicó a lo que se pensaba la traducción completa de las perdidas tablillas de la tumba de Qarnis Qum, el tristemente famoso “Liber Hyperboreas”. Es de suponer, que las tablillas habían pasado en herencia directa por todos los descendientes del rabino sefardí que se hizo con ellas, hasta que terminaron en las del último en la línea de sucesión, que dio con sus huesos en un Konzentrationslager, una vez fue expoliado por los nazis de sus posesiones valiosas y humillado en su dignidad hasta un punto indecible.
Por supuesto, en su diario, Walter no menciona nada de esto último; en cambio, nos narra la emoción de la responsabilidad de tal tarea: para él, su labor no era otra que ser el primero en descifrar un idioma perdido, el Atlanteano, como él había dado por llamarlo. Según deja entender, el contenido esotérico de la obra no le interesa en absoluto; son los detalles técnicos los que le atraen realmente. Las tablillas de la tumba de Qarnis Qum, aunque estaban consignadas efectivamente en alfabeto egipcio, sin embargo, la lengua en que estaban escritas seguía siendo totalmente desconocida para el lingüista, de no ser por la aparición de Otto Gross.
La imagen que Walter deja entrever de este oficial de la SchutzStaffel (SS) es de respeto rayano en terror. Ese hombre daba miedo real a Walter, pero gracias a él, su labor pudo avanzar enormemente. Según se entiende, Otto Gross debía ser algo así como una especie de comando de una sola persona, encargado de trabajos más bien íntimos y de delicada manufactura, a quien en algún momento se le otorga la dirección del proyecto: Fenris. Pues fue gracias a él, y no a otro, que se pudieron recuperar las tablillas mencionadas.
(continúa en la próxima entrega)
Para tener una visión completa de todo el asunto, aquí se narran los hechos precedentes de estas historias sincrónicas:
Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte
Cuarta Parte
martes, 3 de enero de 2012
La Toma de Eilean Donan (tercera parte)
Conocedor de que la Princesa de los Ursinos no dejaría escapar la ocasión para alcanzar aún más ascendencia sobre el rey, Alberoni agasajó a la Trémoille (que con su reconocido buen gusto en la mesa y en las artes ya se la tenía ganada), y le sugirió como posible sustituta de la reina difunta a Isabel de Farnesio, cuya familia ostentaba en aquellos momentos el título del ducado de Parma (a quienes, en primer lugar, debía obediencia Alberoni, por motivos patrióticos de nacimiento, se entiende); sin embargo, para conseguir que la Trémoille pasara por el aro, Alberoni pintó a esta Isabel de Farnesio como una muchacha influenciable y de voluntad débil, como más gustosa de aficiones domésticas y hogareñas (lo acostumbrado durante siglos en las mujeres de cierta clase: coser, bordar y rezar), antes que interesarse por asuntos de estado. El abate la describió como una muchacha feucha, regordeta y manejable, cosa que era lo que la ambiciosa Princesa de los Ursinos estaba deseando escuchar.
De modo que, según cuenta la tradición historiográfica, por intercesión de la Princesa de los Ursinos, Felipe V se avino a tomar a la susodicha como esposa; la recepción de ésta sería recordada en la Villa y Corte por mucho tiempo, pues demostraba la inteligencia e intriguismo que había aprendido el abate. Siendo la primera vez que ambas mujeres se encontraron frente a frente, la Princesa de los Ursinos no pudo evitar comportarse de un modo prepotente, dando por sentado que ésta nueva reina no era menos mangoneable que la anterior; se dice que, en primer lugar, apenas hizo reverencia a la nueva reina, pretextando no sé qué dolor de rodilla, y casi al instante, observando que, efectivamente, Isabel de Farnesio era muchacha rellenita, tomándola con toda confianza de la cintura, la hizo dar una vuelta, afirmando, más o menos lo siguiente:
“¡Cielos, señora, qué mal formada estáis! ¡Qué cintura tan gruesa!”
Y aunque cierta razón no le faltase a la cortesana, pues si observamos retratos de la reina consorte, se advierte una papada inexcusable y cierto grosor de su envoltura carnal; tampoco es menos cierto que, más que degradarla como una glotona engullidora de mantequillosos quesos parmesanos, con esos kilitos de más, pareciese más ganar una apostura de antigua matrona romana. Lo cual era bastante cercano a la realidad, pues sin querer presuponer un don natural de mando heredable para la sub-especie humana así llamada de sangre azul, esta Isabel de Farnesio debió ser una de esas personas a las cuales les sale de forma tan aparentemente natural dar órdenes que, recordando al bueno de Terry Prattchet, cuando te das cuenta, ya llevas un rato obedeciendo.
Isabel de Farnesio, reina consorte y esposa de Felipe V de Borbón,con apostura de antigua matrona romana
La fría reacción de la nueva reina lo confirmó; haciendo presentarse al jefe de la guardia, ordenó en perfecto castellano, y sin dirigirle una mirada más a la Tremouille:
“Llevaos de aquí a esta loca que ha osado insultarme...”
Ese sería el final de la carrera cortesana de Marie Anne de la Tremouille en España, a la cual no le dio más lugar de llevarse una pequeña maleta como equipaje, y custodiada por cincuenta soldados, expulsada del país a su Francia natal inmediatamente. Con el extrañamiento de la Princesa de los Ursinos, Alberoni eliminó el último obstáculo que lo separaba de su cercanía con el rey.
Y es que el astuto abate, como dijimos, había pintado a la nueva reina tal y como la Tremouille hubiese gustado verla, y no como realmente era: una princesa educada en la gramática, la filosofía, la política, las artes y las ciencias más modernas en el momento: nada de la mojigata que se esperaba. Sólo digamos que Isabel de Farnesio reinó junto al insufrible Felipe V durante el resto de su larga vida (no olvidemos que, hasta el momento, el primero de los Borbones españoles ha sido el monarca que más años ha reinado en el país, alrededor de 45 años), y aún le sobrevivió unos cuantos lustros más; así, soportando sus cambios de humor, acompañándolo en sus momentos de mayor depresión, e incluso por intercesión de ésta fue que grandes músicos e intérpretes se trasladaron a el Palacio de la Granja, en Segovia, ese mini-versalles donde el castratti Farinelli interpretaba, entre otras, las partituras del maestro Scarlatti. Finalmente, de su progenie numerosa, obtuvo España a otro rey, Carlos III, así conocido por ser un brillante déspota ilustrado (si es que los términos brillante y déspota pueden ir juntos; aunque lo mismo vale decir para ilustrado y déspota, que si van juntos no es más que por convención). Se dice que ejerció plenamente como reina consorte, y sobre todo, como reina sustituta a la hora de toma de decisiones, siempre que su marido se encontraba en una de sus fases melancólicas; y aunque si bien por un lado se dice de ella que fue mujer distante y desapasionada con sus hijos, por otro bien es cierto que en gran parte, el motivo de tenerlos desatendidos fue precisamente por obrar las intrigas políticas con que conseguiría situarlos a todos en buenas posiciones. Si hubiese nacido hombre en aquella época, o directamente, la mentalidad imperante en su época hubiese sido otra menos misógina, otro gallo hubiese cantado, para mujer de tan decididos arrestos.
En cualquier caso, la buena gestión e intermediación de todo el asunto de las segundas nupcias del monarca por parte de Alberoni, le terminaron de granjear del todo el afecto real; eso, y que se había conseguido deshacer de su más directa rival, claro. De esta manera, con el favor de la nueva reina, le fueron concedidos sucesivamente el título de Grande de España, el cargo de consejero del rey y obispo de Málaga (aunque, como en muchos de estos casos, cabe que Alberoni no llegase nunca a pisar tierra malagueña) y poco después, por la presión de la corte en Roma, el papa le nombró cardenal.
No va a ser cuestión aquí de resumir todos los logros y hechos políticos, locales e internacionales, del cardenal Alberoni, porque como ya hemos dicho en más de una ocasión, no es la exhaustividad vocación de este blog que suscribe. De todas formas, sí es importante, para la continuación del relato, resaltar algunos de los manejes de este cardenal en cuestiones de política internacional (porque, a estas alturas, y después de tantos vericuetos y rodeos, más de uno se estará preguntando qué tiene todo esto que ver con la toma de cierto castillo de las Highlands escocesas; si es que queda alguien ahí, por supuesto). Como se dijo más atrás, el resultado de la Guerra de Sucesión de la corona española, que culminó con el Tratado de Utrech, dio lugar a la pérdida de la condición de España como potencia europea; así que gran parte de la labor a nivel internacional del consejero del rey fue encaminada a devolver a España dicho papel: infructuosamente se trató de recuperar las antiguas posesiones mediterráneas, como la Mallorca, perdida ante Inglaterra, o gran parte de Italia, que cayó en manos de los Habsburgo austriacos. Igualmente se ensayaron las conquistas de Cerdeña y Sicilia, como parte de este ambicioso plan, al que se opusieron el resto de potencias europeas (incluyendo al Papado, y a la Corona Francesa, que en esta ocasión no sólo se negó a apoyar a España, sino que formó parte de la que dio en llamarse Cuádruple Alianza).
También habíamos comentado anteriormente la situación dinástica que se vivía en Gran Bretaña, siendo el caso que Felipe V, meapilas hasta el hartazgo, nunca se avino a reconocer a la nueva dinastía, los Orange, de confesión protestante; de hecho, para oprobio de Guillermo III de Orange, ante la muerte en el exilio de Jacobo II Estuardo, el viejo pretendiente, el monarca español reconoció como rey de Inglaterra y de Escocia al hijo de Jacobo, de mismo nombre, que mantuvo las pretensiones de su padre, igualmente desde el exilio. Pero, como decimos, era plato de buen gusto para el rey español la vuelta de un monarca católico a los tronos de Inglaterra y Escocia, y más aún si éste era aupado al trono con ayuda española.
De modo que a Alberoni se le vino en mentes un plan arriesgado, pero que, de haber triunfado, habría cambiado la faz de Europa, quizá, para siempre.
miércoles, 14 de diciembre de 2011
La Toma de Eilean Donan (segunda parte)
Sorprendía aún más el hecho de que Alberoni hubiese alcanzado puestos de tan alta responsabilidad, siendo como era de orígenes humildes, hijo de una numerosa familia de labriegos de Piacenza; y sólo después de muchos esfuerzos, ejerciendo primero de campanero en una parroquia de su pueblo, para poder aportar algo al sustento familiar, fue ordenado sacerdote, y gracias a su ascendencia sobre el obispo Barni consiguió ser nombrado canónigo de la catedral de Piacenza. Aunque se pensase que aquél era un puesto de suficiente nombradía y acomodamiento, el afable abate aún no estaba satisfecho, de modo que fue tomado como preceptor del "sobrino" del obispo Barni, y finalmente enviado a Roma como acompañante del muchacho. Poco tiempo necesitó el astuto sacerdote, para aprender los gajes y las intrigas que terciaban en la Capital del Mundo, en los salones de los poderosos.
De esta forma, le pilló en Roma la guerra que se entabló en Europa por decidir qué familia real colocaba en el puesto vacante de España a uno de sus miembros, toda vez que el último rey de los Austrias españoles, Carlos II llamado el Hechizado había muerto sin dejar descendencia; el partido francés, con el Rey Sol a la cabeza, pretendía colocar al nieto de éste, que reinaría como el futuro Felipe V, bajo el argumento de que en su ascendencia podía encontrarse al Austria, que lucía como su tío-abuelo; de modo que, por enrevesados motivos estratégicos, el avinagrado duque de Vêndome acabó instalándose con las tropas francesas en el norte de Italia, con el cargo de comandante general. Tanto Francia como Austria y España han tenido durante siglos al norte de Italia como campo de enfrentamiento, y numerosas campañas se han sucedido en aquella tierra.
Pues bien, el duque de Parma, que lo era también de la Piacenza natal de Alberoni, había encomendado al arzobispo de Borgo san Donnino - actual Fidenza -, don Alessandro Roncoveri (o Rommovieri), como mediador frente al comandante francés, y a su vez Alberoni lo acompañó en calidad de intérprete, conocedor del idioma francés; como quiera que el duque de Vêndome no fue persona de carácter fácil, la relación con el arzobispo a fuerza tampoco hubo de serlo.
Atención: Anécdota escatológica a continuación
De Luis José de Borbón-Vêndome cuenta la historia que los sinsabores de su existencia (hijo bastardo del rey, huérfano a los quince años, obligado a casarse con una aristócrata con fama de poco o nada agraciada, etc...) le fueron agriando el carácter; así, el encontronazo con el arzobispo de Borgo san Donnino vino dado porque, en la época en que ocupaba el norte de Italia con sus tropas, se veía aquejado de unas incómodas hemorroides agravadas por un pertinaz estreñimiento, que le provocaban horribles dolores cada vez que intentaba aligerar el vientre. Pasando uno de esos trances fue como recibió el mariscal al arzobispo y a Alberoni (que lo de hacer las necesidades en privado es costumbre relativamente moderna), y de hecho, mientras el arzobispo, por mediación de Alberoni, relataba sus peticiones, el malogrado duque de Vêndome concentrado en acometer antedichos esfuerzos, en vano, se alzó de su sillica, y mostrándole las posaderas, según dicen, exclamó algo así como:
"¡Estos son los problemas que me preocupan en este momento!"
Ofendido ante tal actitud, el arzobispo se marchó de allí, decidido a no volver a tratar con tan grosero francés. Sin embargo, siendo de todo punto importante tratar aquellos asuntos, Alberoni, sin arredrarse ni un apice ante tal postal, se limitó a musitar algo parecido a esto:
"Oh, che culo d´angelo!"
Y antes de permitir que el duque de Vêndome reaccionase ante aquel comentario, el orondo abate se dedicó a darle consejos gastronómicos con los que mejorar sus afecciones, e incluso él mismo se ocupó de encargar y dirigir la preparación de algunas de esas recetas en las cocinas; pues parece que siendo de origen humilde, a nuestro Alberoni no se le caían los anillos por subirse las mangas de la sotana y enfrascarse en labores culinarias.
Final de la Anécdota escatológica
De hecho, la desenvoltura de Alberoni admiró tanto al de Vêndome que, poco después, lo tomó como su secretario personal, y lo llevó consigo en primer lugar a Francia, y posteriormente, a España, donde fue enviado, para dirigir a las tropas fieles a Felipe V, donde la Guerra de Sucesión daba ya las últimas boqueadas. Finalmente, habiendo sido nombrado comandante en jefe del ejército español y virrey de Cataluña, dio su vida en la localidad de Vinaròs, según se cuenta tradicionalmente, a causa de un empacho de langostinos y marisco. Nada nuevo, como se ve, esto de que los poderosos perezcan por hartazgo.
En todo caso, el abate Alberoni no se vio huérfano de protector por mucho tiempo, pues al rey Felipe V de Borbón y su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya, les cayó en gracia con su desparpajo. En esto ayudó no poco una renombrada cortesana, Marie-Anne de la Tremouille, conocida como la Princesa de los Ursinos (porque había sido viuda de un miembro de la casa nobiliaria italiana de los Orsini), la cual había logrado la más alta ascendecia sobre Sus Majestades.
Esta intrigante cortesana tenía atada la voluntad del rey, dadas las afecciones mentales que lo aquejaron toda su vida, y aún la de la reina, puesto que María Luisa de Saboya apenas era una adolescente quinceañera. Así que por intercesión de la autoproclamada Princesa de los Ursinos - que ni era un título nobiliario real ni nada - el futuro cardenal Alberoni fue admitido en la Corte, en primer lugar como embajador de Parma y, conforme su influencia aumentaba sobre los reyes, ascendiendo en su carrera de forma meteórica.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Acercamiento a la Psicología Coyotil

Pero el ojo de la mente del Coyote se encuentra lejos, muy lejos de allí.
Al poco, al ulular de la ventisca de fuera se suma a coro el silbido del calentador de agua, avisando de que ésta ha llegado al punto deseado. Con crujir de huesos y lastimeros quejidos, nuestro Viejo Coyote se levanta a duras penas del escritorio y consigue prepararse una infusión, cuyo calorcito siente cómo se abre paso en su interior, y cae en el estómago, reconfortándole brevemente.
Vuelve al escritorio, toma la hoja y lee lo que lleva anotado:
“Me ha recetado el médico – bueno, es de medicina interna, de hecho, es una voz interiorizada de mi yo subconsciente, que me impele – que no deje de escribir, aunque sea un rato, todos los días; que es un buen ejercicio para desentumecer la relación idea-palabra-escritura, de forma que cualquier idea que sobrevuele mi desecado cerebro pueda ser atrapada “al vuelo” por las redes de los conceptos, y extraída hacia el texto escrito. Por supuesto, esto no deja de ser un reduccionismo, en el sentido de que la idea, como tal, sigue por ahí, rebotando por los amplios huecos de mi cabeza hueca, inexpresable per se; las ideas siguen vivas y migran de mente en mente, como parásitas: las palabras, como mucho, pueden dar una imagen aproximativa, pues lo que queda de la idea, una vez ha sido con-formada por las palabras que la atrapan en sus redes, es un triste atisbo de la idea original. Esto, por supuesto, si lo imaginamos desde la perspectiva teórica de un Kant simplificado, ya se sabe: intuición es ciega sin concepto, así como concepto es vacío sin intuición. Preciosa imagen – o todo lo preciosa que puede llegar a ser, claro –: la del bueno de Inmanuel, con su peluca empolvada y sus chorreras y sus bordados dorados, lanzando al aire la red del concepto para atrapar y dar forma a las intuiciones, que vuelan con libertad… a priori, claro: no todas las ideas vuelan, y de hecho algunas más bien vierten plomo en los cerebros donde dan en instalarse, cual peligroso parásito mental: porque no hay mayor peligro, en el terreno de las ideas y de los valores morales, que la inamovilidad, traducida en cerrazón. Ideas muy peligrosas, que no sólo son parasitarias, sino que cual cría de cuco, expulsa del nido a cualquiera otra que no se parezca a ella y que, por tanto, no sean ella.
Eso, por supuesto, mirándolo desde la perspectiva del pesado de Köenisberg. Y es que Kant nunca me ha caído muy bien precisamente; no es que no reconozca su relevancia, por supuesto, e incluso, como he dicho un poco más arriba, una versión simplificada y quitándole mucha morralla y mucho tecnicismo y, de hecho, violentando su teoría hasta el punto de que ni el mismo la reconocería, puede aportar una visión interesante de la supuestamente irreconciliable lucha entre razón y creencia o, como he dicho más arriba, entre concepto e intuición. Claro está que las intuiciones, por sí mismas, todo lo más, podrían alcanzar la categoría de imágenes, que se presentan a nosotros, pero sin ser expresadas de forma explícita; para que la intuición tenga efectividad, habría entonces que darle forma expresable, manejable, comunicable; digamos, instrumentalizable. Sólo podemos evocar ideas e imágenes de la intuición dotándolas de un cuerpo conceptual que las sostenga, de lo contrario, si intentásemos comunicar nuestra intuición sin traducirla a un lenguaje común, todo lo más, supongo, llegaríamos a producir algunos lastimeros quejidos, o el clásico chillido de frustración que suelen emitir los chimpancés.
No obstante, y me parece que la teoría estética de Kant no iba por este camino, o si lo hacía – que ya no lo recuerdo bien – lo explicaba de tal forma que no logró un servidor llegar a entenderla del todo – es lo que tiene un desecado cerebro quesiforme –, se puede llegar a entender la especial situación de los artistas, abusando de Kant un poquito más. Si el artista es alguien que busca expresar de nuevas formas las intuiciones que le sobrevienen, y que carecen hasta ese momento de concepto comunicable que las pueda dar a luz, con la obra de arte, consiguen crear nuevos modos de expresar las intuiciones, creando a la vez el “concepto” que las hace, de alguna forma, comunicable. Los artistas, entonces, serían algo así como una especie de psiconáutas pioneros, que rebuscan en su subconsciente, y experimentan con las técnicas propias de su disciplina artística, o crea nuevas técnicas de expresión si éstas no le permiten expresarse, para dar a luz aquellas impresiones e intuiciones que, con los medios comunes del lenguaje conceptual, son imposibles de expresar sin reducirlas considerablemente. Por no abusar con ejemplos, sólo mencionaré la expresión poética, sin la cual sería imposible describir ciertas sensaciones y sentimientos que, de mencionar escuetamente su nombre propio, quedan un poco, como decirlo, tristes y desangelados; no es lo mismo, con las armas de las que el arte dispone y va creando con el paso del tiempo, evocar la inasible sensación de melancolía, ese nudo en la garganta, esa...”
Se interrumpe, pues escucha con clara nitidez cómo alguien (o algo) araña la puerta de su estancia, con insistencia. Abre y no descubre a nadie; extrañado, mira a sus pies, y un gato naranja atigrado le mira muy serio, lanzándole un débil maullido. El Coyote no puede evitar reírse a carcajada suelta, y los ecos de su risa resuenan pasillo abajo. No podía sospechar que el pequeño gato que ha decidido hacerle compañía en el mundo de vigilia podía llegar también a seguirle hasta allí, hasta una de las casas-entre-mundos. Sin mayor protocolo, el gato entra en la habitación, la inspecciona, olisquea los rincones y, finalmente, decide que el lugar más calentito de la sala es junto a la estufa, a los pies de la desvencijada mesa que hace las veces de escritorio improvisado para nuestro viejo Coyote.
Recuerda que el soñador de Providence aseguraba que los gatos “son los únicos que conocen las regiones misteriosas, y que los más viejos las visitan a escondidas, por la noche, saltando a ellas desde los más elevados tejados. En verdad, es a la cara oscura de la luna adonde van a saltar y retozar por las colinas, y a conversar con sombras antiguas”. Con un escalofrío que le recorre la columna y le eriza el pelaje rememora las veces en que el inocente felino se queda embobado, mirando fijamente en un punto aparentemente al azar, y la parte escasamente racional del cerebro del Coyote quiere creer que aquello en lo que el gatito se fija no es más que una pelusa llevada por la corriente, acaso un insecto de vuelo distendido.
El viejo Coyote vuelve a su vez al escritorio; el gatito se estira arqueando el lomo y emitiendo un bostezo que casi pareciese que le desencaja la mandíbula. Antes de enroscarse sobre sí mismo y empezar otra siesta, mira fijamente al Coyote, con ese expresivo mutismo que parece decirlo todo.
Entonces se acuerda: aunque en las casas-entre-mundos el tiempo discurre a ritmos completamente ajenos al objetivo discurrir del tiempo en el mundo de vigilia, es consciente de que, a duras penas y luchando contra su irreprimible desidia, este blog que suscribe ha conseguido alcanzar el siguiente hito: cuatro años de desvaríos y cuestiones heterogéneas.
Desde la ventana de su habitación observa la nada entre mundos, que toma caprichosas y desvaídas formas, que en el momento de localizarlas ya se están diluyendo para dar forma a otros sueños en otros mundos.
El viejo Coyote enciende distraídamente otro cigarrillo y sigue escribiendo.
viernes, 28 de octubre de 2011
La Toma de Eilean Donan (primera parte)
La pequeña isla de Eilean Donan se encuentra en el centro del loch Duich, en la parte más occidental de las Highlands escocesas; en ella se enclava un imponente castillo construido alrededor del siglo XIII, según se cuenta y/o se sabe, sobre unos antiguos asentamientos célticos, y posteriormente sobre los restos de una iglesia del siglo VII, la iglesia del santo Donnan de Eig, de quien toma nombre la isla – que es lo que significa Eilean Donan en gaélico escocés: “la isla de Donnan”. Actualmente la propiedad del castillo la ostenta el Clan Macrae, aunque ha pasado por manos del Clan Mackenzie de Kintail, y de algún otro clan.
Algunos de estos lagos o lochs de tierras escocesas son más cercanos a las rías gallegas o a los fiordos noruegos, puesto que disponen de una salida al mar; de hecho, la posición del castillo Eilean Donan se convierte en una posición privilegiada, en cuanto a defensa frente a un posible asalto por mar, sin contar con su situación fronteriza. No en vano, ésta parece ser la causa de su construcción: primera línea de defensa ante asaltos de piratas normandos, vikingos, etc. De hecho, irónicamente, la causa de su construcción, defensa frente al mar, significó igualmente el motivo de su destrucción, en el siglo XVIII (el castillo actual es una reconstrucción parcial del siglo pasado).

La así llamada Guerra de Sucesión por el trono de España, toda vez que el último de los Austrias españoles, Carlos II el Hechizado, murió en el año 1700 sin dejar descendencia, movilizó a numerosas naciones de toda Europa a favor de un bando, el francés del Rey Sol, Luís XIV (que temía un aislamiento de Francia, en caso de tomar el trono un Habsburgo alemán), o del otro – una alianza austriaco-británica –, que temía el poder conjunto que alcanzarían Francia y España, de colocar en el trono de esta última a un pariente del rey francés. Esta guerra culminó con el Tratado de Utrech (años 1712-13; aunque no en todas partes tardaron lo mismo en aceptar al nuevo rey; véase por ejemplo Cataluña, que se resistió hasta 1714, y sólo cedió a base de cañonazos y masacre inmisericorde), que permitía ocupar el trono de España a Felipe V, primer Borbón que ha reinado en tierras ibéricas, a la sazón, nieto del Rey Sol; a su vez, España perdía el control de Gibraltar y Menorca, entre otras tierras, cedidas a la Corona inglesa (que las habían ocupado durante la guerra); el control de los Países Bajos españoles pasaba a manos del monarca austriaco, así como la práctica totalidad de las tierras italianas que habían permanecido como propiedad de la Corona española desde la época de Fernando el Católico (si bien el reino de Nápoles-Sicilia terminó en manos de Carlos de Borbón, que años más tarde reinaría como Tercero en España – sin contar que heredó por su madre el título de duque de Parma y Piacenza).
Carlos II el Hechizado, último monarca de los Habsburgo españoles,y Felipe V el Animoso, primero de la casa Borbón;
a la sazón, tío-abuelo y sobrino-nieto, respectivamente.
Otra de las consecuencias del Tratado de Utrech fue la concesión del “asiento de esclavos” a Inglaterra (en concreto, a la South Sea Company), concesión que tenía la duración de treinta años; aunque, bien es cierto que el propio Felipe V de Borbón recibiría el 25% de los beneficios del tráfico anual de 144.000 esclavos entre África y la América hispana, por parte de esta compañía inglesa.
(no es baladí hacer un breve inciso, para señalar que numerosos nostálgicos patrioteros de miras estrechas han visto la firma del Tratado de Utrech como el principio del fin del Gran Imperio Español, pues en virtud de este tratado, como se ha visto parcialmente, el reino de España perdió la práctica totalidad de sus posesiones europeas transpirenáicas, quedando pues confinado éste a la parte peninsular y a sus colonias de Ultramar - hay que recordar, sin embargo, que en su gran mayoría, por no decir totalidad, las "propiedades" europeas, de una u otra forma, llegaron a formar parte de ese Imperio en virtud de herencias y enlaces dinásticos, y no por la ya apolillada idea de la cerril voluntad del fiero guerrero ibérico lejos de su casa, luchando contra viento y marea, armado sólamente con su coraje, su fuerza física y su fidelidad a Dios y al Rey (no necesariamente en ese orden); para mantener esas tierras bajo el yugo de la Corona sí que usaron y abusaron de la capacidad de aguante de sus ejércitos... para ser francos - o para no serlos, si siguen la idea - ese concepto de Imperio Español alcanzó y mantuvo su máxima extensión apenas durante las relativamente cortas vidas de Felipe II de Austria, Felipe III y Felipe IV, apenas tres generaciones; el resto no ha sido más que nostalgia)
En cualquier caso, en la propia isla británica no andaban cortos de disputas sucesorias; desde poco tiempo atrás (desde la llamada Revolución Gloriosa, en el ochenta y pico), las islas eran gobernadas por la dinastía Orange, que rechazaba las pretensiones del "viejo pretendiente", de la Casa Estuardo; exiliado en su propia corte en Francia, el que había reinado como James II de Inglaterra y VII de Escocia removió todos los contactos que le fueron posibles, buscando ser restituido al que pensaba era su legítimo trono. Cosa que, por cierto, nunca ocurriría, y de hecho, su hijo mantuvo sus pretensiones, y continuó su labor promoviendo su derecho al trono. De esta forma, numerosos aventureros, así como segundones ávidos de gloria y reconocimiento, se unieron a la causa, y durante esos convulsos años viajaron por toda Europa, intrigando y tratando de conseguir el apoyo de las casas reinantes europeas.
Para Felipe V de España, que según dice era meapilas hasta el hartazgo, el hecho de que los pretendientes Estuardo fuesen de confesión católica se convertía en motivo más que suficiente para apoyar las pretensiones de Jacobo (que es lo mismo que decir James, y si me apuran que Santiago y que Jacques); no obstante, y dado su temperamento cambiante y melancólico, por no mencionar términos patológicos, sólo cedería su apoyo gracias al concurso de su eminencia Julio Alberoni, que ostentaba gran ascendencia sobre su Católica Majestad.
(continúa en la próxima entrega...)
martes, 6 de septiembre de 2011
Interludio: Los Paseos del Coyote
El viejo Coyote sale a la calle y, antes de alcanzar la cancela del parking privado de la barriada donde habita, sentado en un bordillo, vislumbra a un yonki prematuramente envejecido y, pareciese, casi inconsciente de la realidad que lo rodea; murmura entre dientes una ininteligible letanía, y sonríe bobalicón, aunque la luz de sus ojos azul eléctrico se ha apagado y están rodeados de úlceras; señala a un coche que acaba de entrar en la zona de aparcamientos privados una plaza libre. El Coyote no está seguro si lo hace en broma, o si ya es un gesto adquirido.
Continúa su camino. Probablemente el desgraciado ha sido expulsado hasta allí por otros aparcacoches, pues a diario el Coyote puede comprobar las disputas entre yonkis, moros, negros, y de todos los colores, para repartirse las calles y los aparcamientos; todo para poder sacar así unos miserables euros que les ayuden, aunque sea brevemente, a huir de la realidad y a soportarla un día más. Antes tenías un gorrilla por cada calle, o uno por cada lado de la calle todo lo más; hoy se reparten a razón de un gorrilla por cada tres o cuatro aparcamientos.
Es lo que ve todos los días, es lo que hay.
Cruza el paso de cebra, y a la altura de la esquina pasa por delante de unos contenedores de apestosos efluvios, resultado de las calores estivales de la ciudad. Apoyada en uno de ellos, una bicicleta construida con retales de otras bicicletas con un carrito de supermercado ingeniosamente soldado, repleto de desechos y objetos parcialmente aprovechables. Encaramado al siguiente contenedor, con casi medio cuerpo dentro, un gitano de Rumania rebusca en las basuras, ajeno a la mirada reprobadora y temerosa de los viandantes.
Continúa su camino, calle arriba, recordando que un par de días atrás, dispositivos policiales, enviados por el Ayuntamiento, habían procedido a desalojar los numerosos asentamientos de chavolas que han ido apareciendo en las riveras del río. Los han quitado de allí solamente para que se pongan un poco más allá. Lo que se suele llamar el lavado del gato, o barrer el polvo debajo de la alfombra. Como todo el que tiene un poco de sentido común, deberían haberse dado ya cuenta de que el desalojo nunca es solución.
Pasa por delante del Mercadona; es primero de mes, y el supermercado está abarrotado. Se ha dado cuenta de que, últimamente, ve comprar en esa gran superficie a gente que antes nunca se hubiera dignado a parar por allí; eran los que antes podían permitirse pagar más por lo mismo, con tal de no codearse con cierta gente (o con tal de no codearse con la realidad que está ahí fuera).
Sigue calle arriba, pasa por delante de la Cámara de Cuentas, y camina por el lateral de la sede del Parlamento Andaluz; sólo en la bocacalle de enfrente, a apenas cincuenta metros, un centro de atención para transeúntes (que no es más que un eufemismo políticamente correcto para mendigos, sin-techo, vagabundos, yonkis, y todo lo que se quiera esconder a la (mala) conciencia). En la puerta puedes ver, día sí y día no, una ambulancia, o un coche de policía. Le reconcome por dentro, a nuestro viejo Coyote, comprobar la ironía que significa que ambos edificios se encuentren tan cerca físicamente, y en cambio tan lejos en muchos otros aspectos.
Hace unos años, el jardín que ornamenta la entrada principal al Parlamento estaba abierto, y por las noches dormitaban más mal que bien un pequeño número de mendigos; con el tiempo, el parque terminó vallándose, y ahora los mendigos duermen en las paradas de autobús de los alrededores del Parlamento, o en los soportales de los edificios vecinos. Es de suponer que la idea de vallar el parque vendría de sus señorías, nada dispuestos a permitir que les ponga nerviosos la visión (aun lejana, porque ellos suelen entrar por el acceso de coches oficiales) de estos desgraciados “transeúntes”. Quitado de la vista, resuelto el problema.
Claro que, como le contaba al Coyote un amigo suyo que trabaja en la Administración Autonómica, sus señorías ya están suficientemente ocupados con privatizar la cosa pública, creando agencias relativamente independientes de la Junta, a las que encargar su gestión a empresas privadas; empresas privadas, no lo olvidemos, las cuales sólo conocen la fidelidad a una cosa, el dinero; y que, sobre todo, desconocen por completo el procedimiento legal para llevar a cabo las tareas de administración del gobierno. Procedimientos legales que salvaguardan a la ciudadanía de prevaricaciones, cohechos, amiguismos y demás, que tientan continuamente a nuestros gobernantes.
Son las siete de la tarde; el calor en septiembre remite ligeramente, y permite salir a la calle a una hora que sólo una semana atrás se consideraría suicida. A la fresca sombra de los árboles del parque del Parlamento, frente a la muralla que da paso al casco histórico, una banda de cornetas y tambores ensaya para las procesiones de Semana Santa. Como parte reconocida de la tradición en la ciudad, tienen permiso explícito del Ayuntamiento para ensayar hasta las doce de la noche.
Este año, el Ayuntamiento ha decidido que no se celebrará el festival Alamedeando, el cual contaba con una incipiente tradición entre los habituales al mismo, aumentando cada año (ésta iba a ser la cuarta edición). Era un festival organizado por gente de aquí, con grupos de aquí o invitados para la ocasión, y totalmente gratuito. Se desarrollaba completamente en el enorme y espacioso bulevar de la Alameda, por el cual fue honrado el festival con su nombre. Según asegura el Ayuntamiento encabezado por don Juan Ignacio Zoido, la Corporación Local carece de fondos para financiar el evento. Por supuesto, eventos patrocinados por Heineken/Cruzcampo como el otrora también gratuito festival Territorios, dejarán algo de pasta, porque de lo contrario no se cederían alegremente los jardines del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de la Cartuja, para pisoteo masivo de césped, orine en los estanques del susodicho y conciertos varios. Ese sí, ese está bien patrocinado, y deja pasta; ese sí, aunque destroce los jardines del CAAC.
Por supuesto, para quitar los bancos de la Alameda o cambiar las farolas modernistas de la plaza del Pan por otras de enrejada y rancia tradición, para eso sí que hay dinero. Claro está que el viejo Coyote, que ha metido el hocico en todos los arroces, y cuya ingenuidad sólo es transversal, y lucha continuamente con su escepticismo, es consciente de que el dinero destinado en el presupuesto para una cosa, no puede fácilmente transvasarse a otra, sin provocar grandes jaleos burocráticos y demás intervenciones fiscales y auditorías no deseadas. El problema surge de quien decide a qué se destina cada partida presupuestaria.
Mientras todos esos pensamientos se superponen en su mente sin orden ni concierto, el viejo Coyote cruza el paso de peatones que hay frente al Arco de la Macarena, y bordea la basílica de mismo nombre. Como casi siempre que pasa por allí, se acuerda de Casa Cornelio.
Anexos
I. Sobre los gorrillas:
II. Sobre los desalojos:
III. Sobre el permiso de bandas de Semana Santa para ensayar en la vía pública:
IV: Sobre la cancelación del festival Alamedeando 2011:
http://alamedeando2011.wordpress.com/2011/08/09/comunicado-de-cancelacion-de-alamedeando/
V: Sobre la Alameda como lugar de encuentro y ocio popular en la ciudad:
Parte 1:
http://www.youtube.com/watch?v=tR0dU1Zc1h8
Parte 2:
http://www.youtube.com/watch?v=rgQsBXLm1sU
Parte 3:
http://www.youtube.com/watch?v=sZFEXOk5UuI
Parte 4:
lunes, 11 de julio de 2011
Nota Sobre el Santo Oficio o Santa Inquisición (conclusión)
The Execrable Inquisition of Spayne (Book of Martyrs), 1554, John Foxe
Por ello, damos a imprenta esta última parte de la "Nota Sobre el Santo Oficio o Santa Inquisición", donde desvelamos las vicisitudes de otro desgraciado procesado por el Santo Oficio, éste de final más dramático que en el caso de la anterior entrega.

2. El Pirata
Año de 1720: Se procesa a un tal fray José Díaz Pimienta, natural de la parroquia habanera de San Juan de los Santos; hijo de un hidalgo vizcaíno y una criolla, ambos cristianos viejos y de la nobleza, a la edad de 15 años es ingresado con el hábito de los hermanos mercedarios en un convento en Cartagena de Indias (Colombia, aunque por aquella época todavía se la conocía bajo la adscripción administrativa de "Virreinato de Nueva Granada"). Ya en los años de noviciado fray José hubo de hacer intento de escaparse al menos en tres ocasiones, por quedársele estrechas las paredes del convento; sin embargo, a la vuelta de la tercera escapada, tomó los hábitos, y le fue encomendada la compañía del así llamado "padre procurador general de la Redención".
No se piense aquí que con esta redención se referían a la de las almas pecadoras, no: antes bien, se refiere a la ocupación de "rescatador de cautivos", a la vieja usanza; entiéndase, (y mal que nos pese) nada de comandos de mercedarios asaltando la Île de la Tortue con nocturnidad, antes bien, era el encargado de liberar a cautivos por los numerosos piratas, corsarios y demás, ingleses, holandeses y franceses que pululaban por entre los mares de Europa y las Indias, acordando un precio por dichos rescates.
Es de suponer que fue en estas negociaciones cuando trabó contacto nuestro fray José con el mundo de la piratería por vez primera; y es de suponer también que aquel debió resultarle mucho más atractivo que la tediosa vida de clérigo, pues a poco que el padre redentor falleció, y habiéndosele concedido el cargo antedicho, no dudó en malversar una y otra vez los fondos de rescate, de modo que "en breve tiempo gastó la mayor parte del caudal de los cautivos en vicios y maldades" (sic). Sin embargo, enterado fray José de la llegada desde España de cierto vicario general, y temiendo las seguras consecuencias de una fiscalización de la caja, se decidió a saltar definitivamente el muro del convento, acompañado por seis mil pesos que "tomó prestados".
Aquí es donde comienza realmente el periplo de fray José; pronto se desplaza hasta Curaçao, isla del Caribe colonizada por holandeses y, sobre todo, refugio de numerosos judíos sefardíes que, habiendo sido expulsados primero de España y posteriormente de Portugal, hallaron en esta isla la célebre tolerancia religiosa de la que siempre han hecho alarde los holandeses. De hecho, Curaçao se precia de tener la sinagoga en activo más antigua del mundo. Así pues, en ésta fray José abjuró de su fe cristiana, y se convirtió a la ley de Moises, siendo circuncidado con todos los ritos preceptivos, y tomó el nombre de Abraham Díaz Pimienta. A partir de este momento da comienzo la carrera de aventurero y pirata, que debía ser más afin a su vocación natural que la de eclesiástico.
Por resumir las más llamativas, de entre las numerosas tribulaciones que pueblan el testimonio de su vida, al Coyote le gustaría señalar especialmente: la ocasión en que, asaltando un navío de la corona castellana, se le propinó tal alfanjazo en pecho y barriga que las asaduras se le desparramaron, y hubo él mismo de sujetárselas e incluso guardó la entereza suficiente como para malcoserse él mismo el enorme tajo. Sólo poco después fue apresado, y de una cuchillada le cortaron la nariz, dejándole sin duda un rostro no poco llamativo. En esta ocasión fue llevado a Cartagena, siendo allí mismo procesado por el Santo Oficio, y penitenciado con sambenito, condenado finalmente a destierro de aquel reino, y enviado a España, donde debía pasar el resto de sus días recluso en un convento de su antigua orden. En el navío que había de llevarlo, a lo que parece, fray José/Abraham no paró de insultar y blasfemar contra todo orden sagrado, hasta tal punto que los siempre supersticiosos marinos tentados estuvieron de lanzarlo por la borda, no fuese a despertar la justa ira divina.
Una vez en tierras ibéricas, aún tuvo ocasión de vivir un par de aventuras, como cuando se escapó de la prisión donde había sido encarcelado mientras le daban un destino definitivo, según cuentan "rompió la pared maestra" (Virgen Santa, ¿de qué estaba hecho este hombre?), dejando a los señores alguaciles una nota indicando que se daba a la fuga por causa del mal trato que allí había recibido. Poco después vuelve a saberse de él, puesto que le dio por presentarse en el convento de su orden (la Merced, como se recordará) que hay/había en Jerez de la Fra.; es de suponer que, en el tiempo que pasó entre su fuga y la vuelta al redil, lo gastó en zascandilerías propias de truhán, y que probablemente, viéndose sin un real, sin oficio ni benefició, al menos en el convento tendría sopas de coscorrones a diario.
Pero ahí no acaba todo, puesto que durante todo el tiempo, fray José/Abraham no sólo no dio muestras de arrepentimiento, sino que se dieron numerosas y testificadas ocasiones en que aseguraba que la ley de Moises era la verdadera. Tambien hubo veces en que aseguró que la crueldad del Santo Oficio era mayor que la de los piratas, que él tenía bien conocidos. Súmese esto a los numerosos intentos de pedir dineros a notables hombres de conocida ascendencia judeoconversa, documentados por las cartas que les envió (lo que, en la interpretación del nunca suficientemente loado don Julio Caro Baroja, era una forma de extorsión). Se asegura, incluso, que envió cartas, desestimadas por silencio, a S. M. solicitando el concurso de dinero y fuerzas para acometer la conquista de Curaçao, a la que parece empezó a guardar inquina, culpando a su conversión al judaísmo de todos sus males. Aunque a nuestro viejo Coyote más bien le parece que eso no era más que una forma de racionalizarlo, y que la actitud de fray José/Abraham durante todo el tiempo había sido más bien tendente a la autodestrucción, por no decir suicida (o sea, un aventurero)...
Esto dice el propio Fray José/Abraham en la posdata de la carta que envió al comisario de Jérez:
".. bien sé que he de morir quemado, y que he de ir preso, y me admira como no me han llevado ya al Tribunal para dar mil vidas en el fuego."
Esta actitud, claro está, provocó que fuese convocado un nuevo proceso en su contra; proceso que hubo de posponerse, pues fray José/Abraham, temiendo el resultado, huyó por enésima vez del convento, después de remitir la antedicha carta. En un primer momento buscó en Cádiz un barco inglés que lo llevase a Londres; el capitán a quien se lo solicitó, horrorizado por las consecuencias de ser descubierto en su barco, le aconsejó que se dirigiese mejor a Lisboa, donde seguramente le sería más fácil alcanzar su destino.
El Coyote nos obliga a injertar dos incisos:
Inciso Primero: sobre Cádiz como puerto de Indias, y puerta al mundo; este título, que poseyó anteriormente la ciudad de Sevilla, pasó a Cádiz después de que en la capital hispalense aconteciese la mayor epidemia de peste bubonica que haya sufrido la ciudad, allá por 1649. No es baladí, pues se cuenta que barrios enteros quedaron vacíos, diezmada la población casi en la mitad (aunque al Coyote le han llegado noticias mucho más exageradas y escalofriantes sobre la mortandad en la ciudad, de que casi alcanzó al 80% de la población); y, como anécdota necrófila, señalar que el insigne imaginero jiennense Martínez Montañés fue uno de los más conspicuos de entre las víctimas de la peste. Se entiende entonces, el que se declarase la cuarentena, y que los numerosos barcos provenientes de todos los rincones del planeta terminaran siendo desviados a Cadiz. Enarbolando su titulillo de Urbanista Psicogeográfico de pacotilla, el Coyote teoriza sobre el hecho de que la mayoría de edificios históricos más notables, eclesiásticos, civiles y palaciegos de Sevilla son del siglo XVII para atrás, mientras que en Cádiz (catedral incluida) los que mayormente destacan datan del siglo XVIII en adelante; se aprecia claramente en sus edificaciones en qué época se benefició con el tráfico de Ultramar cada una de las ciudades. Aunque, bien es cierto, la posición claramente más al descubierto de Cádiz ya la había expuesto al asalto de piratas y corsarios, al contrario que Sevilla, a resguardo en el acogedor y ancestralmente matriarcal valle del Guadalquivir.
Inciso Segundo (con que insiste el Coyote en aburrirnos): versa sobre la especial situación de los navíos ingleses y en general provenientes de países protestantes, en el comercio y trato con España. De cara a la política internacional, España siempre había estado en guerra con los países de influencia protestante; desde el punto de vista de la Inquisición, por supuesto, todo luterano era tratado como hereje, y merecía la redención de su espíritu por medio de la mortificación de su cuerpo. De modo que, en virtud de varios tratados entre la Corona y estos países, el Santo Oficio, pese a su proverbial intolerancia, hubo de hacer "la vista gorda" ante la presencia de estos mercaderes extranjeros (que algunos incluso habían tomado residencia en Sevilla o Cádiz); eso sí, siempre y cuando éstos no realizasen proselitismo, ni provocasen alborotos y altercados por estos mismos motivos. Como en otras ocasiones se ha señalado, resulta llamativo que, en segundo lugar y después de los judeoconversos insinceros, el grueso de procesados por la Inquisición en España fueron sobre todo (llamémosles) "criptoluteranos": Individuos religiosos que, en conciencia, veían en el protestantismo respuesta a sus dudas religiosas; por contra a la tradicional imagen de la quema de brujas - que también las hubo, pero mucho menos -, práctica en la que abundaron precisamente en los países de influencia luterana, se trasluce, como siempre, esa pátina de realismo desencantado ibérico en el hecho de que la mayoría de los procesados por el Santo Oficio en tierras de la Corona castellano-aragonesa tenían más bien la condición de "represaliados políticos": Como decimos, luteranos y judeoconversos, los unos por la complicada situación internacional y la propia situación de España, que se encontraba prácticamente en guerra declarada contra todas las naciones de su derredor; los otros por la siempre imperiosa necesidad de rellenar las arcas reales, para sufragar los costosos gastos de las mismas guerras... dicho con otras palabras, la de haberse alejado de la ortodoxia religiosa imperante no era más que la excusa ideológica para procesarlos e impregnar Tablada, o la plaza San Francisco (en la ciudad de Sevilla) del aroma a carne quemada, ya que la excusa materialista era muy otra.
Pero sigamos adelante con los capítulos finales de esta escueta (aunque enrevesada) semblanza del periplo vital de fray José/Abraham:
Siguiendo el consejo del capitán de navío inglés, fray José/Abraham se puso camino a Lisboa, con la esperanza de tomar barco que lo llevase hasta Londres o Amsterdam, y de allí a donde gustase. Si bien parece que llegó a la capital lusa, parece igualmente que debió arrepentirse por el camino - o que nadie quiso echarle cuenta y se vio sin apoyo alguno -, pues a poco se volvió para Sevilla, donde se presentó ante el rector del Colegio de San Laureano del barrio de los Humeros, confesando todas sus tropelías, y acogiéndose al la jurisdicción del Santo Tribunal.
Siendo retenido en el convento de la Merced, y emprendido el último proceso a que fue sometido, según cuentan, no cejó en hacer alarde de su profesión de fe mosáica, e incluso buscando activamente ser entregado a las llamas purificadoras. Llegó a tal punto de provocación que, cuando se le dio la sentencia para firmarla, se negó alegando ser sábado (sacralizado día de descanso, prescripto por la religión judía). Como es costumbre en estos casos de reos irredentos, el tribunal no cejó en enviarle, hasta prácticamente el día de celebración del auto de fe, numerosos teólogos, por ver si lo convencían antes del momento postrero; todo en vano, por cierto.
Finalmente, "viendo el tribunal la incorregibilidad de este reo, lo juzgó digno de ser degradado de todas sus órdenes, y ser entregado al brazo secular, para ser quemado vivo." Según parece, y viendo de toda forma inevitable ya su fin, fray José/Abraham se arrepintió de su conversión, e hizo llamar en un último momento a un par de sacerdotes, para ser confesado y se le diese comunión según los sacramentos de la religión católica.
De modo que a las seis de la madrugada del día 25 de juilo del año 1720, fue llevado fray José/Abraham con gran pompa y beato, rodeado de religiosos de varias compañías, hasta el cadalso situado en la plaza de San Francisco, donde fue compasivamente agarrotado y por fin quemado en la hoguera hasta las cenizas. Contaba para entonces con 32 años, y según narra el cronista: "Fue este día uno de los mayores que se han visto en la ciudad de Sevilla, no sólo por el concurso que acudió de más de doce leguas en contorno, sino por ser la causa jamás vista."
VALE






